Refulge el sol contra una ventana esquinada.
Mirada embelesada tras una noche taciturna. Se ha bebido la aurora la tarde llorosa y resplandece el asfalto de nueva vida.
Se abre la mañana con su callada monotonía.
No ríen las flores ni revolotean las mariposas con alegría.
No se oyen los pájaros, las ventanas cerradas, blindadas remediando bajas temperaturas.
En medio de la abulia sueño de fantasías.
Realidad que se dibuja buscando un espacio y un tiempo de aventura.
Cerraremos las puertas, pero la mente no es carcelero ni reo en la locura.
Soñar historias, leerlas o escribirlas,
diseña un sendero de hibiscus y margaritas.
Te llamo y me escuchas.
Me hablas y derrites el alma mía.
El timbre de tu voz hace vibrar el instinto que me guía.
Te invento una y mil veces y me refugio en tu templo de sabiduría.
Amor que sobrevuela razón y cordura.
Gaviota que extiende sus alas,
vuela y vuela, navegando unos aires de corrientes marinas.
Cruza el océano y exhausta muere al darte los buenos días.
Claudia Ballester Grifo

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