En la calidez de mi sueño te acercas muy despacio.
Levitando en la bruma tus pasos inciden su huella en la noche callada.
Expectante ansío tu llegada,
bajas tu rostro y me alcanza tu mano,
lejos, muy lejos sin abrazar mis dedos.
La luna lisonjera aletea los abanicos de sus pestañas,
mirando con suspiros de albahaca,
contenida y encantada.
Desde su palco privilegiado jalea con sus alas de plata,
alumbra de azul misterio una historia escrita en espíritu y alma.
Mi mirada escudriña en la distancia.
Siento tu presencia como una brisa marina que me arropa y me calma.
Como una ola vertiginosa que recoge y desata,
encuentro que me buscas y besas mi playa.
Recoges tu falda de agua enamorada para volver con más fuerza y absorberme con pasión y ganas.
Hombre y agua. Tu silueta se dibuja y desaparece por capricho de las hadas.
El destino no quiere que la piel acaricie sus horas lánguidas.
Vienes como corriente que me arrastra.
Me envuelves con tu menta azucarada,
acercas tu fuego con tan sutil llama
que se deshace mi cuerpo en aroma y fragancía.
Ríe la luna dejando la pluma que escribe un amor en la playa.
Recorre el escalofrío de un sentir de melaza.
Desaparecidas las figuras humanas,
se ama la fuerza, el ímpetu y la esperanza.
Caprichosa la noche mi mano se quedó al hilo de la tuya, cerca, sin tocarla.
Claudia Ballester Grifo

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