Como una niña en mis siestas obligadas,
Me acomodo en mis días soñando noches lánguidas.
Destella el azul,
magenta en mi mirada,
riendo mis espacios,
silencios que el sol me regala.
Llegaste de la nada,
corazón trovador de mil batallas.
Presentaste tu pañuelo,
bajé tímida la luz de mi alma,
arrebol de mis mejillas
donde sembraste el fuego
de tu palabra.
Sutil la brisa que me acompaña.
Arrullo tierno de quien
no pide y halla.
Encuentro de letras
más allá de la tierra
que enraiza los pies,
pero exalta la ilusión y la esperanza.
Rosa azul que une y consagra,
dos pareceres en un mundo
sin pared, de altos vuelos,
hermosa magia.
Despiertas mi sonrisa,
querido poeta,
muchas gracias.
Claudia Ballester Grifo

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