Se deshacen los rayos infiltrándose en los capullos más tiernos.
Sonríe un padre sol a sus retoños más pequeños.
Son los hermanos protectores los que apremian sombra e hidratan sus yemas surgentes.
Buena imagen reflejo de cariño, caricia de amor fehaciente.
Sonríe la magia y lleva de la mano al algodón por blando.
Dulce muy dulce, rosa y meloso, pegado al labio del que lame aliviado.
Pegajoso y fastidioso, pero reclamado.
Recibe el acero socavado de los que no comprenden o envidian su carisma solapado.
Brilla con purpurina vieja,
los brillos no son lo suyo,
pero su luz se encera y eclipsa sin dar la vuelta.
Espera en la esquina un fulgor de candela somnolienta.
Valor de puño abierto que no aprieta.
Sonríe a la calumnia,
estrecha la mano de quien con cautela llama a su puerta.
No siempre lo dulce sabe a belleza.
las circunstancias visten de raso un patrón de seda.
Qué pena que lo bueno, a veces se entierra.
Prudencia y paciencia,
el sol luce para todos y se estira el que aprieta.
Hacia arriba compitiendo,
estilizada y abierta palmera.
Son sus frutos dádiva,
alimento de libre iniciativa.
Unas veces cae el regalo,
otras veces la fatiga busca más arriba.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario