Se deshace la gelatina de mi corazón ante el latido de tu miedo.
Se abre la flor de la noche para untarse de la mantequilla de tus besos.
Te bañaste en el influjo de la luna,
acariciando un agua calma,
espejismo de bondad e inocencia pura.
Fuiste niña en sus brazos,
dos niños jugando en un cuento de fantasia.
Tú cerraste los ojos,
él te dijo que tranquila, eras suya.
Son tus ojos luz que tilila.
Se abren los abanicos de la incertidumbre,
se respira brisa de tragedia contenida.
No dices nada,
gesto contraído, estrella huidiza,
mirada taciturna de mala mañana,
halo de pesadilla nocturna.
Tu río y mi mar,
sedienta de mi arrullo y mi paz.
Aroma de canela que calma
tus aguas turbulentas,
atropello de guijarros desgarrando
el lecho de tu tranquilidad.
Una palabra, "mamá",
solo esa para saltar el resorte
de mi ángel maternal.
Un abrazo a tu angustia,
un "te quiero, vida mía",
sin palabras ni disculpas,
sin drama ni tortura.
Bienvenido ese nuevo pulso.
Bienvenido el amor,
bienvenida la vida.
Claudia Ballester Grifo
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