martes, 27 de octubre de 2020

DE TURQUESA


De turquesa me visto para recibir el manto,

magnético baile de canas hirsutas y mano esquelética. 

Santigua mi atención la larga cola,

zozobra la tela por un suelo acristalado,

silenciosa y avarienta,

sibilina sonrisa arrastrando una lengua de mil ollas,

descarnando sonrisas,

pareceres de telarañas  vistiendo su ropaje de ciénaga y lodo. 


No estoy segura de irme con ella. 

De seda es mi traje y el brillo la desespera. 

Me acerca su aliento de grito y tinieblas 

y giro el rostro blandiendo rosas y quimeras. 

Huelo el moho y las arcadas no esperan,

nota mi disgusto y cubre su blancura con la capucha de su miseria. 


Llora el río un agua que rebelde se atropella. 

Mis pies descalzos bebiendo de la frescura de las cañas que lo albergan. 

La luna por testigo, dama bella,

tensa su mirada, celando de la muerte que pasea. 

La sigo por cañizares, hipnotizada y ciega, besando con mis súplicas el rayo de una aurora que se acerca despertando el día con un vestido flotando en la orilla y sin cuerpo que lo posea. 


Claudia Ballester Grifo


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