Día de trajín. Hablando con mi vieja ropa de abrigo. Aroma de naftalina y tacto de papel de seda envolviendo historias de invierno.
Ya ríe el fresco y entre bambalinas se perfila la lana y la nórdica a juego.
Liada cuerpo a cuerpo. Mi armario y yo, cajas de recuerdo.
Adios al algodón liviano, empapado de sudor y nostalgias de mar, sal, gaviotas y sueños.
Pequeño su espacio, goleada de volumen de lanas y tejidos de grueso paño.
Manos al cielo. Me siento y resiento midiendo y buscando espacio muerto.
Mimosos los guantes de poliester ribeteados de piel, arduo deseo.
Bufandas de colores, tacto amoroso, contacto que se queda.
Suéter de cuello alto, cisne de bello plumaje y ritmo de ballet cadencioso.
Pijamas de noches ardientes, historias de novela y susurro de Alhambra mora y hermosa.
Relatos de guión a pluma diestra que inventan burbujas para que se eleven y se rompan,
riendo llenas del cava del jabón que las transforma.
Cierro el armario. Los pantalones delante en doblada complacencia y mirar inerte.
Ya terminó el traslado de un verano pequeño para un invierno casolano.
Vencida me resigno a lo que venga con el mejor ánimo.
Tras la vacuna de la gripe y la mascarilla incorporada este año, mirada de perspectiva y que Dios bendiga la entrada del nuevo año.
Claudia Ballester Grifo

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