Soy copa en un vendaval.
Cristal fino de Baviera o candente y luminoso como el veneciano.
Brillantes los dos en su maestría y solera,
amiguísimos del glamur y lo cotidiano.
Al fin y al cabo, copa en una marisma de rosas,
en un campo minado
con un sol de justícia levantando sombrero y calendario.
Late mi corazón, golpe de martillo,
tic tac exacto.
Firme de cantera, alto de tronio,
agudizando las notas que le llegan por el camino.
Se acercan, se acercan,
escuchad, amigos míos.
Se levantan los corceles,
atisban miradas veladas por corpiños.
No quiero oír no, la culpa se la bebe el reseco y el hastío.
No más notas cabalgando en el olvido.
No más fantasmas rugiendo en las noches de frío.
No más yugo sobre el pueblo vencido.
No sabemos ni entendemos,
queremos hogaza en el horno vacío.
¿!Qué será de nosotros!?
Quiero pensar en la fuente que brota del centro de uno mismo.
En esa luciérnaga de vida en una noche cualquiera,
lámpara cálida que nos guía y acelera.
Cogemos ritmo en la calma,
prestancía vestida de compromiso,
cascada de sonrisa que canturrea,
pábilo de mostaza que despierta.
Amigos, hagamos camino.
Claudia Ballester Grifo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario