Sentada veo el cielo,
deslizando sus nubes,
soplando sus vientos.
Se desliza el día con aroma de nuevo.
Brilla un dorado intenso que perla de alegría la frente y mi cuerpo.
Sentada se abre un campo verde y espacioso,
donde trillan las aves buscando un hueco.
Donde se persiguen las mariposas y las flores visten de arguinaldas sus colores.
Donde se oyen arpegios y cascadas de risas con su discurrir fresco.
Sentada te ofrezco la mano
porque una vez me levante la luz se hace sombra y se desmadeja extenuada y muerta.
Un golpe entre los ojos.
Bloqueo fuerte de imagen,
se doblegan las piernas,
chiclean las articulaciones.
Se aleja el sonido buscando fanfarria y alusiones,
ahusentándose de la abulia que la hipotensión ofrece.
Me ofrecen una silla,
auxilio necesario y complaciente,
intenciones amigas que mi amor agradece.
Sentada recupero el rubor y la sangre.
Fluye la vida con fuerte torrente,
palpita el pulso, bombea el trovador su corriente,
me agarro a la vida y ella lo entiende.
Claudia Ballester Grifo

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