NO TE VAYAS.
Huele la tormenta un hambre que desgarra. Suena desde lejos, danzando socarrona. Se alimenta de miedos y sombra, barriendo los cielos del sol que nos acuna y arropa.
Precede el ruido, anuncia el silencio la pared que se agrieta, avanza el muro de fuerza, oliendo a fresco y lluvia, a ruego y derrota.
No quiero,madre que el rayo me coja. Aquí sola, desde la terraza, atada al espacio de vida que me queda.
No quiero,madre que me arrastre el agua en su loca crecida hacia la marea alta.
No quiero, madre que en tu ausencia se me venza la baranda que me ancla y me pierda lejos de los brazos que me aman.
No quiero desaparecer y formar parte de la nada. Un vacío que parta mis sentidos y que me sumerja en una bruma opaca.
Huele la tormenta carne fresca y sonrosada. Una rosa abierta al huracán de sus alas. Cruje un rayo la luz de su alma, tildando de lejos tan magna estampa.
Se sumerge en el mar lampando su calma. Grises los colores partidos por el cuchillo que busca el corazón y se clava.
Mueve el rizo y bate su clara, la bata de cola ríe sus castañuelas, aplauden sus palmas.
Llora una niña con sus pies de plata, lágrima de Luna, sola, balbuceo del alba.
Dame la mano, hermosa, niña adorada. Foto de otro tiempo, yo misma, reflejo sin arrugas, sola en el tiempo y la distancia.
No quiero madre que te vayas.
Claudia Ballester Grifo
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