lunes, 13 de julio de 2020

BUENOS DÍAS.

Esta mañana salí a abrazar el reflejo del sol.
Elevada por la brisa, al galope del torbellino fresco que la montaña suspira.
Al hilo que los trinos me invitan, en el despertar de la aurora, cuando el silencio es el dueño y las calles lucen su mirada más limpia.

Hoy he decidido mirar de frente la luz que me deslumbra.
Cicatrizar con sus rayos cada punto de sutura.
Sellar para siempre, ese origen quebradizo que sangra mis ojos y que baja la persiana de la alegría de mi vista.
Ese vislumbrar de humo que enturbía bellos paisajes y pizzela un mundo de maravillas.

Mis gestos palpan la brillantez del día.
Se oye el movimiento en la cercana playa de mis sentidos.
Rumor de caracola que acerca a tritones y sirenas, pérfidas bocas blancas, calamares que destrozan navíos.
Fantasías que atan creaciones, imaginación desbordando el vacío.
Se emborronan cuartillas blancas, se viste de sepia su pan divino.

En el segundo que brilla el sol renacido, vuelan las mariposas, esparciendo color  y mucho júbilo.
Cerrando los ojos al descaro del perfil que calienta asomando su ardor por encima de los edificios, se infiltra el naranja sometiendo al rojo, rubor consentido.
Acaricia la suavidad del calor. Increscendo parlotea un trino.
Se abre la fuente del bienestar complacido.
Se relaja la magia, boceto de cuadro dirigido, pincelada de armonía que eleva la mañana del día bendecido.

Claudia Ballester Grifo.

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