CABALLO DE TROYA.
Fue una quimera o tan solo el roce de un beso. Un suspiro que anudó un lazo que la piel persigue.
Una tibieza de ensueño en un harén de inquietudes, un capullo de rosa que creció al abrirse.
La piel tiene huella y persiste.
¿Qué fue aquello? Aquel fuego que prendiste. Huele a magnolia, rosas y jazmines. Fuerte es su humo, denso tul que me cubre. Fragante alianza que el tiempo y la distancia no vence.
No olvido, no. Tú, vives.
Doblada mi mirada en el retorno de mis inquietudes.
Vagando en un tiempo de mieles, frugal delirio. Juventud de primavera que besa su otoño, admirada de colores versar tan bello.
Acomodando la almohada, en posición de cuento. La mano en la dorada cabeza de su nieto. Cuentan las arrugas su delirio de amores, que fue real, pero sumido en sueños.
Alucina el niño, sumido en la historia de un amor que no es su abuelo.
Es mi mano la que acaricia su desconcierto.
Fui bruma un día y cabalgué con el viento.
Me empapé de sus olas, abracé picos y puertos.
Fui rotunda y sensible. Ardiente en despliegue de amapola y mariposa de colores.
Volé y volé, sin cadenas ni notas. Alcé mis pasos y la luz me atrapó en su juego.
Claudia Ballester Grifo

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