¿MEJORES O BUENOS?
Mejores, sí, podemos ser mejores.
Buenos, sí podemos ser buenos.
Y, ¿qué es ser buenos?
Perfilar un sueño en un beso.
Admirar cómo bambolea una cortina su danza con la brisa que dirige su concierto.
Sentir como propia la risa del otro y nadar en sus lágrimas abrazando un dolor intenso.
Tender la mano al que anda cojo, ciego o sordo al deambular de la jungla de asfalto.
La sensibilidad y el ser bueno son amigos íntimos, necesidad el uno del otro.
Se oye con la piel, tacto hermoso para la acaricia del niño, maestro de ingenuidad y cariño.
Se ve con el alma, dama predispuesta a dar su sentido.
Se oye con el corazón, frenético pálpito que impulsa la sangre donde el riego satisface la sed del necesitado.
Ser buenos, amigos, todos somos buenos.
Nacemos con un cesto cargado de empeños. Carta blanca para principios y proyectos. Cogidos de la mano del amor intenso.
Desnudos de piel y prejuicios, abiertos a un mar inmenso.
Nadando en sus aguas, dominio de todos, fluido del tiempo.
Sin carga y sin fatiga, poniendo empeño, saboreando los descansos y paciencia con los recesos.
Mejores,
¡Ay, amigos! Mejores, los elegidos.
Los que practican en el ascetismo y hacen de la observación y la reflexión su mejor amigo.
Los que rezan juntando sus manos, acercándolas a sus labios, compartiendo un murmullo.
Los que sufren por su familia, por sus amigos. Les duele el dolor del mundo.
Estallan los gritos de la indecencia y el vandalismo, terrorismo que secuestra el bien común y el hechizo de ser humano, respetado y protegido.
Restaña el frío del miedo, la soledad, el abandono y la agresividad...
Se corta la rosa del jardín, santuario de vida, promesa de buen fin.
Sangra por sus espinas, arruga su corola de fragancias mil.
Respira su agua, agoniza su perfil, cada gota que evapora el respirar de un humano que muere su infortunio mudo, ciego y sin oír.
Claudia Ballester Grifo

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