lunes, 27 de julio de 2020

EL JUNCO.

Se dobla el junco bailando con la brisa.
Es delgado y quebradizo,
resuelto a acompañar la armonía y el ritmo.
No tiene ojos, no tiene oídos,
pero su ingenio sonríe.
Mudo, sin manos,
el gesto convence y seduce.
Resiliente y pertinaz,
hosco en su soledad,
en pleitesia con la luz solar.
El junco habla con el cielo
y el mar.

Mi alma es el junco.
Recelosa de su soledad,
amiga de la palabra,
jugando con la verdad.
Sinuoso camino de ancho mar,
conduciendo en embudo
su travesía entre el "bla" y el "tal",
Sin censura ni mordaza,
poesia natural.

Debilidad de maneras,
las ganas por condición,
desmayada por el esfuerzo,
respirando con la intención.
Sueña la salud con una vida,
más la sueño, yo.
Habla el junco tumbado
abrazando a otros en la
misma situación.

A algunos nos cuesta la vida
un verdadero maratón.
Que miren las verdes hierbas
el reflejo de la deshidratación.
Amarillea el cuerpo por
cerril y abusón.
Quién no guarda cuando tiene
y no media precaución,
se dirige al mismo hoyo,
salir ya es otra cuestión.

Claudia Ballester Grifo.

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