viernes, 31 de julio de 2020

CALOR.
Quiero cerrar los ojos y sumergirme
 en la bruma del sueño.
Sentir tus pasos golpeando la excitación
de la espera augurando el encuentro.
No veo tu cara, pero comprendo tus gestos,
eres mar, eres viento.
Me mece tu brisa y floto en un limbo de miel y romero.
Nado en tus aguas, sin peso.
Floto y me llevas contigo, rompes las cadenas
que me atan en el puerto.

Melodía de incienso que despierta el espíritu
y yace contigo guiado por las hebras de fino plateado
que resbalan por mis dedos.
Un te quiero en mi oído, susurro yo al tiempo,
piel con piel de almendra, aroma de amor inmenso.
Perfila el sueño calma y sosiego, sintiendo la sábana
el tacto del calor de tu cuerpo.
El bucle de tu sonrisa jugando con la sombra,
 lamiendo la dicha que transmite la arena al versar con las olas.
Sal y pimienta regodea mi ánimo, enlazada en un nudo a tu vida,
sin verte te tengo.

La luna riela en sus rayos alados.
Conjuga los versos que se estrellan iluminando
la perfidia de unos párpados apretados.
No quiero ver, no.
Quiero sumergirme en la bruma y sentirte a mi lado.
Piel con piel... Calor enamorado.

Claudia Ballester Grifo.



jueves, 30 de julio de 2020

SER POETA.

Soñando fantasías,
dibujando con los dedos,
pintura de mano para niños
en su juego.

Silba la musa arpegios de fuego,
bailando las luciérnagas encendiendo
 los luceros en una noche de luna,
estrellas invitadas en el silencio.

Se estremece la espera
anhelo de un tiempo nuevo,
mariposas cosquilleando
el ansia de un amanecer bello.

Quiere ser el poeta amigo y compañero.
 Amanecer con el alba,
ser cielo.
Bañar con sus letras campos yermos,
despertar el oído de corazones lentos.

Tocar con su plurna hondos sentimientos,
 nadar en el océano de letras bulliciosas
escogidas entre la sal y el yodo.
Tejer ilusiones y palpitar cuerpos muertos,
fríos al olvido, ciegos en la soledad,
sin encuentros.

Soñando fantasías quiere el poeta
hacer correr su pluma por encima de los cometas.
 Convertir en día la noche escabrosa,
 cincelar la luz en el burel de la sombra,
sacar la sonrisa de la piedra que rueda seca y dura,
peón de cantera sin beso que pula
 las aristas de su nobleza.

Claudia Ballester Grifo.

miércoles, 29 de julio de 2020

EL DÍA PIENSA.

Amanece en la piel cuando la claridad del día hace cosquillas.
Se despereza el letargo que repone el agujero de mil cansancios.
Se respira la mañana con sus trinos y la brisa enroscada en la maraña de cabello ensortijado.
Vive la luz y aplaude el día, dejando los sueños arrugando la cama vacía.

Ríe el fresco muchas jornadas tórridas,
planchado el cuerpo de fatiga,
resquicio de oasis, palmera de dátiles servida, parada del peregrino perdido en su lamento.
Las historias de la noche acuden y saludan.

Duele la vida de tanto quererla.
Arañando con fuerza las ganas y la entereza.
Luchando con síntomas y panderetas que despiertan al cuerpo con voces siniestras.
El dolor se baña en burbujas de frambuesa. Se disfraza, se confunde y se queda.
Arraiga sus raíces en carne fresca y convive con la miseria del que posee y desea.

Se aprende a vivir, sí.
Se aprende con los medios que se tengan y con la sutileza del que va de puntillas para no alertar a las sombras.
No es pesadumbre, no.
No atrae la negatividad el que vislumbra la luz y ríe con ella. El que entiende como un viaje cada día que despierta.
Ve el sol escondido detrás de la puerta y abraza el rayo desmayado que asoma.

Claudia Ballester Grifo.
MARIPOSA.

Rosa de cara mármolea,
triste y apagada.
Caen ajados tus pétalos
por el peso de la pena que te acompaña.

Añoras tiempos pasados
en los que siendo mariposa,
volabas.
Jugabas con las flores
en un despliegue de luz
y magia.
Riendo con los azules irisados,
margentas, lilas y morados.

Bailabas un amor puro
y lozano.
Joven en el sudor de las manos.
Os mirabáis a los ojos,
prendidos del encanto,
corría el tiempo loco
entre baladas y melodías
de antaño.

Estalla tu corazón,
en mil espejos destrozados,
mujer desencantada,
murmuras en sollozos
cada esquina, cada rincón
de un hogar que no es
el soñado.

Dejaste a tu príncipe
por un destello en un día
mal dado.
Lloras perlas labradas
por ese amor jamás olvidado,
más presente que nunca
cuando él te ha buscado.

Vuela el amor una gracia de tul
y danza.
Dos nudos atados,
resistencia que flaquea,
impulso que desgarra,
la sangre busca la arena.

Claudia Ballester Grifo

martes, 28 de julio de 2020

I JUEGOS FLORALES DE POESÍA
JOSÉ ÁNGEL BUESA.
III ETAPA: ¨RETAZOS DE PAPEL¨.
Autor. CLAUDIA BALLESTER GRIFO.
País: ESPAÑA.
Título: VESTIDO ROJO.

VESTIDO ROJO.
Lloraba el cielo nostálgico,
de aventuras ardientes
y correrías a ciegas.
Resbalaban sus aguas,
cortinas de menta y fresa.
Los tirabuzones de su melena,
acercaban el caramelo
que acaricia la boca
de esos niños golosos
de historias y mimos de mesa.

Es tu mirada lago profundo
que destila serenidad y calma.
Suavidad en frasco pequeño,
dulzura y templanza.
Amiga de tus amigos,
vainilla y canela en rama.
Jugabas en los columpios
entre risas y alianzas,
fe ciega en la vida,
confiada y relajada.

Amaneció un día de visita inesperada.
El amigo de tus ojos
acompañaba a primos de camada.
Reía el día embustes y bravatas.
Entre matojos y frutales
fue rendido tu vestido rojo.
Caíste de rodillas,
 arrastrada por dos cuerpos poderosos.
Escocían tus lágrimas,
crujía el cristal roto.
Rugía el mar acallando tus enojos.
Las súplicas rendían tu mirar hermoso.
Tu amigo del alma, arrancó tu corazón
y selló las amapolas del suelo.

Blanca quedó la paloma,
sola con sus miedos,
ocho veranos que lucía
la tristeza de su seno.
Vapuleada por pensamientos
que corrían como ciclón en lamento,
Sordos sus gritos,
callados sus tormentos.
Violada su infancia
por compañeros de juegos.

Claudia Ballester Grifo.

lunes, 27 de julio de 2020

EL JUNCO.

Se dobla el junco bailando con la brisa.
Es delgado y quebradizo,
resuelto a acompañar la armonía y el ritmo.
No tiene ojos, no tiene oídos,
pero su ingenio sonríe.
Mudo, sin manos,
el gesto convence y seduce.
Resiliente y pertinaz,
hosco en su soledad,
en pleitesia con la luz solar.
El junco habla con el cielo
y el mar.

Mi alma es el junco.
Recelosa de su soledad,
amiga de la palabra,
jugando con la verdad.
Sinuoso camino de ancho mar,
conduciendo en embudo
su travesía entre el "bla" y el "tal",
Sin censura ni mordaza,
poesia natural.

Debilidad de maneras,
las ganas por condición,
desmayada por el esfuerzo,
respirando con la intención.
Sueña la salud con una vida,
más la sueño, yo.
Habla el junco tumbado
abrazando a otros en la
misma situación.

A algunos nos cuesta la vida
un verdadero maratón.
Que miren las verdes hierbas
el reflejo de la deshidratación.
Amarillea el cuerpo por
cerril y abusón.
Quién no guarda cuando tiene
y no media precaución,
se dirige al mismo hoyo,
salir ya es otra cuestión.

Claudia Ballester Grifo.

sábado, 25 de julio de 2020

HIPOTENSIÓN.

Rosada es la burbuja que
acaricia el cielo
cuando alzas la mirada y
se desploma la consciencia.
Levita el suspiro marcando
 la indolencia,
se afloja el cuerpo
derretido en un mar de agua.

Se apaga la sonrisa
desdibujada en la nada.
Se cruza la mirada,
golpea el centro,
junco venido a vara.
Te llaman y no oyes,
divagas en una nebulosa
opaca.

Sordo es el mundo,
el espacio una barca,
navegas en humo,
el cuerpo se balancea.
Las perlas de sudor
te agobian,
un poco de agua,
la verticalidad se marea.

Conozco esta amiga,
es sutil y descarada.
Se presenta sin cita
y desconcierta con ganas.
A los hipertensos
lleva locos.
Lipotimia es tu nombre
y la paciencia una santa.

Claudia Ballester Grifo.

viernes, 24 de julio de 2020

CRISTAL ROJO.
Si las letras pudieran bailar el trino de un pájaro.
Si la velada túnica de los párpados vistiera el frío de los descalzos.
Si la sonrisa fraguara de pétalos los campos.
Si las manos hablaran con palma tendida y oliendo a abrazos.
El mundo entendería el valor humano.

Si la humildad levantara sus pestañas,
barriendo orgullos de cetrina intención y fatales consecuencias.
Si la intransigencia viajara menos apretada de rencor
y fanatismo rodando su maleta.
Si los malentendidos no se hicieran boca y mordieran...
Los humanos haríamos mundo,
uno con la naturaleza.

Si dejamos hablar al corazón y vestimos nuestra mesa de misericordia.
Si vemos dormidos, observando la verdad desnuda
bañarse en un lago de amapolas.
Si escuchamos el silencio del que no habla por miedo o vergüenza.
Si ciframos el llorar de un niño y sabemos tranquilizar la respuesta.
Seremos más nosotros y menos cometa.

Llueve sobre los niños tutelados por la calle.
Recogidos como bultos sin padre ni madre.
Pan y agua y un jergón que te ampare.
Malos gestos, malos modos, espejo de crujir rojo... Sangre.

Claudia Ballester Grifo

jueves, 23 de julio de 2020

CÁNDIDA ALBICANS.

Despierta la mañana con la resaca de la turbia noche.
Se disparan los rayos infiltrando su luz, incidiendo donde más duele.
Aterciopelan los trinos linda alborada, los ojos abiertos al día que abrazan.

Venía rasgando desde dentro, martirio del piramidal y hermanos lumbares.
Golpeando persistente, agudizando el dolor ufano y disperso.
El junco de la columna subyugada al trance. Tira la gravedad con fuerza y talante. Dobla la caña, recela la verticalidad, se tumba el cuerpo.

Dolor sordo en el bajo vientre. Cabalgando el pubis, tocando el cielo de un ombligo que endurece su contorno, palpando estrellas en un mar tenebroso.
Fatiga, pesar, agobio.
Sensación de miccionar a cada momento para regar cuatro alubias y secar el rastrojo.

La levadura silente, adormidera de embrujo, hechicera de oportunidad y sapiencia.
Ungida de blanco, escondida y traicionera.
Se escurre por la puerta, invadiendo hogar y hacienda.
Se asienta en la casa y contamina su respirar y presencia.
Recorre la estancia, cajones y rincones.
Nada se escapa a esta vil compañera.

Cándida es su nombre y tratamiento tiene su estrella.
Un hongo que ríe a ritmo de cante jondo infectando cada órgano al son de castañuelas.

Claudia Ballester Grifo
MARIA DOLORES, EN SU CUMPLEAÑOS.

En el fresco de la mañana,
en el nítido aroma de la tierra mojada,
en las gotas relucientes de las hojas empapadas, se percibe el cambio
de la vida soñada.

Hoy amanecemos nuevos.
Un poco menos cansados,
más etéreos, menos pesados,
Tal vez, incluso aliviados.
Ungidos por los designios del de venir,
trazamos caminos.y senderos.
La mirada alta,
los ojos sinceros.

Más allá de nosotros
el mundo entero.
En la imagen del espejo
el reflejo nuestro.
Juntando nuestras manos
se enciende un nuevo espectro.
Seguimos nuestro camino
Y en el allende de los tiempos
se fusionan las nubes para derretir
los sentimientos.

Eres, Maria Dolores tierra y viento.
Eres la azucena del campo abierto.
Tienes el encanto del que intuye
lo que aún está lejos.
Transmites el aroma de lavanda y espliego.
Pureza, sencillez ;hueles a libertad,
la libertad que da
una mente de altos vuelos.
Se feliz y no te arrepientas
nunca de ello.

Feliz cumpleaños, preciosa.

martes, 21 de julio de 2020

CARA DE LUNA

Cara de luna miraba con ojos inquietos.
Esos luceros negros que abrazaban sentimientos,
apretando el corazón de su abuela,
enérgica de carácter y alma de caramelo.

Piel trigueña, poesía de fuego.
Palabras bordadas de amor y miel de romero.
Sentada en el limbo de su ruego,
amando con manos tibias de niña de cielo.

Tienes carita de pan, niña de mis sueños,
sonreía la abuela orgullosa,
 ante el mirar de dos estrellas furiosas.
La hogaza de pan es para comer,
no es mi cara manjar de olla,
rezongaba la niña
que no quería mofas de gorda.

Reía la abuela sus carcajadas de fiesta,
reía y reía el enfado de la nieta.
Tienes una cara niña
que es el espejo de una bella dama.
Luce tu esplendor el jugo de una granada.
Dora tu piel el sol que la besa.
Tus perlas sonríen desde el fondo
 del coral de tu fresa.

¡Ay, abuela!
Mejor vuelvo mañana,
 recogida ya la mesa.
Rutilante va la niña,
enojos, sapos y culebras.
No quiere ser cara de luna,
ni hogaza ni fresa.
Ansia ser delgada, estilizada
y con las manos tocar las estrellas.

Claudia Ballester Grifo

lunes, 20 de julio de 2020

A MI HERMANO.

El glauco de tus ojos destila el licor de la mañana.
Amanecer de esos sueños que ambrosían mi bostezo
y calzan de blando mis sandalias.
Placidez del lago esmeralda de tu mirada.
Remanso de vida que baña la calidez de mis nostalgias.
Espíritu hermano, admiración que acaricia y respalda.
Sangre de mi sangre, me pierdo en tu silencio mientras
conviertes en mariposas mis palabras.

Ríen tus pestañas palomas blancas.
Mensajes de gestos, razones de pluma de incienso,
 bengala en la noche cerrada.
El horizonte ahueca tu paso, surcando el celeste de sus aguas.
Volatiliza el cuaderno de horas de lectura y ganas.
Cátedra de propósitos, arrebol de fuego y escarcha.
Desde mi cielo y rodilla en tierra amada, hermano mio,
mi admiración declarada.

Claudia Ballester Grifo

domingo, 19 de julio de 2020

RESPETO.
Manchas con carmín tu camisa almidonada.
Prendes aroma de mujer y reafirmas tu hombría.
Envías mensaje cifrado en vuelo de paloma blanca.
Se duele tu valía si no aceptan tu rosa disfrazada.

Te acercas sigiloso desde la nada.
Reflejo de una luz opaca.
Dibujo que se perfila en su andar parco,
tanteando un suelo que resbala.
Sombrero de galán probado.
Campeando una capa romántica.
Pérfidos guantes de seda rasgando tules y madreperlas.

Zafio protagonista de novela.
Historias que alimenta y rotula con bravatas de contienda.
Libre de lengua y cabeza, esclavizando muñecas con cadenas.
Son las espinas las que clavas sin indulgencia.
Esa rosa que presentas seca su corola.
Sangran sus espinas por los ojos de tu esposa.
Vuelve a casa por la que llora tu ausencia.

Abraza a tus hijos, semilla de padre;
te esperan.
Besa sus regordetas mejillas de algodón dulce y fruta fresca.
Reza sus buenas noches y despierta sus mañanas
Abraza sus suspiros,proteje sus alertas.
No me veas como un rechazo.
No soy tu cena.

Claudia Ballester Grifo.

sábado, 18 de julio de 2020

LA BATALLA DE LOS MUERTOS.

Levantando tu mirada, clavando tu acero
en el frío que llevas encrespado en tu pelo.
Lento en movimientos, parcos tus gestos,
eres uno de los cuatro.
Amo de guerra, lucha y tormento.

Son muchos los que corren.
Valientes los que enfrentan el fuego de su intento.
Capas negras y pueblo superviviente
de muchos ancestros.
Enemigos unidos por necesidades del momento.

Se acerca el invierno y trae la noche oscura,
larga e inmensa, cruel y espesa, sin duda.
Recorta la mirada unas lomas sinuosas.
Se dibujan cuatro jinetes que cristalizan
el corazón y el aliento congelan.

El apocalipsis de los muertos ronda.
Tras varias escaramuzas almas aprestan.
Mueren a la espada, azulan su iris y
el diablo los despierta.

Claudia Ballester Grifo
MI CORAZÓN.

Valiente va el alazán recortando caminos. Rompiendo con sus trazas el frío cuajado de la nieve, besando el invierno que llega con un saludo.

Relincha con el vapor de su aliento desvanecido.
Sudando carbón, diamante al solidificar el rocio.
Galopada al destino, bella estampa en un blanco inmaculado jugando con el lustre endrino.

Grandes ojos, mirada que derrite el rozar del viento. Sus pestañas agitan banderas, himno de gloria y decoro.
Holograma en el tiempo, etéreo y brumoso.
No necesita jinete el corazón que viste mi pecho.

Libertad es la palabra que luce el lienzo.
Destaca dorada entre las nubes de mi cielo.
Se abre cual corola en su mirar más fresco, riendo su aroma, sorbiendo de sus besos.
Sangrando su espina el sentir tan intenso como fuerte clava su ruido las cadenas que se rompen y caen al suelo.

Acompaña el pensamiento cruzando fronteras.
Tinta que cubre el verde y la tierra, el azul y el agua, el rosa de la luz que llega.
Galopa, corazón mio, late para que viviendo no muera.
Pulsa firme y fuerte, llama a la puerta que necesites y te quiera.

Claudia Ballester Grifo

jueves, 16 de julio de 2020

SANSA. (JUEGOS DE TRONO)
Es el azul de tus ojos el espejo que derrite mis temores.
Son tus palabras cálidas las que me llevan a reflexiones.
Nívea tu cara de niña. Oculta al sol y al trabajo de campiña.
Manos suaves de guante y trato galante.
Porte de estirpe, suspiro de reina.

Es el naranja de tu cabello lindo destello.
Los bucles que se deslizan desmayados entre flores.
Trenzados regios que labran manos humildes.
Hemosa niña, dulce algodón de azúcar,
huyendo de tormentos.

Vendida entre haraganes de buen traje.
Rabia contrita de niñatos que juegan con seres de carne y hueso.
Toman la vida, bebiendo sangre postrados ante la muerte.
Bella niña, mirar de cielo.
Bucles naranja besando sus rezos.

Casada con un enano muy noble.
Limpio de manos corazón fuerte.
Mirada pétrea del que conociendo desconoce.
Superviviente en un mundo de espaldas al norte.
Secuestrada sin noche de novia,
arrojada a peor suerte.

Es el azul de tus ojos el espejo que derrite mis temores.

Claudia Ballester Grifo.
NUESTROS MUERTOS.
De cobalto luce el cielo la mortaja de un entierro.
De índigo viste su manto, huidas las nubes para no llorar el tormento.
No hay agua que riegue el desierto. Secas las flores, hundieron los pétalos, resquebrajados  los tallos, de rodillas al suelo.

Flageló la espada el verdugo traicionero.
Silente respiraba el aliento del mundo entero.
Sonreía el transmisor viajero, amparado en lienzo blanco, majadero de matadero.
Sonrisa afable de abrazo y beso.
Rinden las víctimas horror y miedo.
Maldito, maldito... Virus COVID19 del infierno.

Rinde en este día homenaje el pueblo español por entero.
Desde el confinamiento dimos un ejemplo.
Desde el silencio sorbimos lágrimas y ruegos.
Apretamos los puños y compartimos deseos.
Deslizamos cuentas de rosario para hilar plegarias y rezar por los nuestros y los vuestros.
Profundo dolor en una sociedad rota por sus muertos.

Loa de flores, aplausos y recuerdo.
Cicatriz en un corazón de pulso reverdecido.
Crezcan las flores en un nido de palabras doradas de calado y contenido.
Uno para todos y todos para uno.

Un latir, un camino, mismo recorrido.
Se abre el cielo, la luz despierta.
De rojo viste la amapola. Absorbe la pena, restaña valor y entereza.
Tibio oxígeno, cansina huida del pitar de tubos y artilugios.
Se abre el cielo y las familias rinden perlas labradas a sus seres queridos.

Claudia Ballester Grifo

miércoles, 15 de julio de 2020

I JUEGOS FLORALES.
"JOSÉ ÁNGEL BUESA".

AUTOR: Claudia Ballester Grifo.

TÍTULO DEL POEMA:
En la sábana de tu jugo.

NACIONALIDAD: España.

FECHA: 2 de julio, 2020.

EN LA SÁBANA DE TU JUGO.

En el nudo de los trinos, allá lejos,
desde el último fantasma de hierro y amasijo derruido de cal y ladrillo,
trinchera de deshecho en una terraza de abedules y jazmines florecidos.

En la cima de sal y fuego, repliegue de arena y calcáreas,
esos ojos castaños, fruta prohibida del paraíso.
Arañando la tierra, en el esfuerzo de la escalada,
se derrama la sangre mezclada en suero de lágrima.
Se configura la hechura en vaho de porcelana,
el dios de mi alma, el adonis que se perfila, recuerdo de una vida pasada.

¡Ay, fuerza y empuje de mis ansias!
¡Ay, vida de mi vida! Golpe de viento que deshoja la margarita de mi sentir, mujer...
Hembra rendida al magnetismo de tu magia.
Sonrío a tu sonrisa, se alza mi ceja al rictus de tu mirada.
Baila tu brillo con el centelleo de mi respuesta entusiasmada.

Me rindo en un lecho de verde esmeralda.
Pajizas las hierbas que cosquillean los flancos de mis ganas.
Derrotada, al lado de tu fragancia, no hay palabras en un océano de caricias tornasoladas.

Me meces entre tus brazos, acaricias la locura de mi cabello,
dibujando trenzas amadas,
reliquia por los tiempos de algo hermoso que nos arrastra.
Fuego de mis entrañas, pasión desenfrenada en ese juego de arrebol en la sábana que nos regala la montaña.

No hay palabras, no. Los besos nos queman y hablan.
Lenguaje ancestral que no necesita de alfabeto ni de ordenanzas.
Se duerme la noche cayendo el púrpura de soslayo, poco a poco, despacito,
jugando al escondite con nosotros, formando parte de escenario y comparsa.

Se hizo el silencio para deslumbre de luciérnagas.
Brillan los luceros cobijando a los amantes de la cima conquistada.
Un "te quiero “se queda corto.
Amor mío, sin palabras.

Claudia Ballester Grifo.

martes, 14 de julio de 2020

AQUÍ.
Me pierdo en la laguna de tus ojos. Se abren ante mi como dos luceros. Acuosos y brillantes derritiendo la llama de mis desvelos.

Cortas mis preguntas, mesurado su tono. Comedida su ansia, murmullo de amor, invitación a un mirar más bello.
Caricia en la distancia, respetando tu cerco. Tú pones la distancia, yo avanzó con tiento.

Qué le pasa a mi niña que se hizo amante del sueño. Se le pegan las sábanas y la mañana se pierde su vuelo.
Bosteza a mi llamada y duermen sus ojos, la pesadez de sus miras silencian recuerdos.

Qué le pasa a mi niña que maduró sus tiempos. Dibujando diálogos, acercando amigos, racimos nuevos.
Cabalgando las manecillas de Cronos,rasgando la tiniebla del minutero loco.
Qué le pasa a mi niña, dueña de corazón y vida, por entero.

Adolescencia cautiva de impulsos y temores. Sin previo aviso, hurta a los hijos por mil razones.
Laguna de tus ojos, amor de mis amores. Aquí estoy, hija, para cuando necesites mis intenciones.
Aquí... Mi sonrisa abrazando tus temores.
Aquí... Belleza, corazón noble.
Aquí... Hija mía, tú sabes dónde.

Claudia Ballester Grifo.
Dibujo realizado por mi hija Lidia.

lunes, 13 de julio de 2020

BUENOS DÍAS.

Esta mañana salí a abrazar el reflejo del sol.
Elevada por la brisa, al galope del torbellino fresco que la montaña suspira.
Al hilo que los trinos me invitan, en el despertar de la aurora, cuando el silencio es el dueño y las calles lucen su mirada más limpia.

Hoy he decidido mirar de frente la luz que me deslumbra.
Cicatrizar con sus rayos cada punto de sutura.
Sellar para siempre, ese origen quebradizo que sangra mis ojos y que baja la persiana de la alegría de mi vista.
Ese vislumbrar de humo que enturbía bellos paisajes y pizzela un mundo de maravillas.

Mis gestos palpan la brillantez del día.
Se oye el movimiento en la cercana playa de mis sentidos.
Rumor de caracola que acerca a tritones y sirenas, pérfidas bocas blancas, calamares que destrozan navíos.
Fantasías que atan creaciones, imaginación desbordando el vacío.
Se emborronan cuartillas blancas, se viste de sepia su pan divino.

En el segundo que brilla el sol renacido, vuelan las mariposas, esparciendo color  y mucho júbilo.
Cerrando los ojos al descaro del perfil que calienta asomando su ardor por encima de los edificios, se infiltra el naranja sometiendo al rojo, rubor consentido.
Acaricia la suavidad del calor. Increscendo parlotea un trino.
Se abre la fuente del bienestar complacido.
Se relaja la magia, boceto de cuadro dirigido, pincelada de armonía que eleva la mañana del día bendecido.

Claudia Ballester Grifo.

domingo, 12 de julio de 2020

INFECCIÓN DE ORINA.
Quema, quema por dentro. El infierno fragua su hierro, ameniza su espada, combate de nuevo.
Reseca la bota, vino encerrado en buen cuero. Aromatiza la cárcel, escancia su gusto, volatilizando el oxigeno que desprende su cuerpo.
Huevo, pesadez de la preñada sin feto. Duro, candente y opaco. Nido de águilas que pican su alimento.
Quema el destilar de su agua en parto, soledad del corredor de fondo, sentada en su trono de miedo.

Anida en el santuario un bicho, bueno en otros terrenos.
Se cuela en la noche, de manto negro.
Emigra hacia verdes pastos de fibras lleno.
Díscolo veranea en plano terreno de luz y cuero.
Con nocturnidad y alevosia infecta sin piedad y escarnio.
Bendice el seno que orada y mancilla.
Escherichia Coli es su sello.

Atiende el recorrido de este cuento.
Hablo de un bichito bueno. De ojos azules, bendito como el cielo, amigo de sus amigos...
¡Ay, bacteria de largos bailes!
¡Ay, bacteria de cortos ataques!
Vira su belleza a otros lares. Invade moradas y aniquila solares.
Prende de muerte el broche que vistió vida y disputó alardes.
Llegó la muerte a besar la cerea soledad... De rodillas, esperando el cultivo que identifique la huella de sus azares.

¡Te tengo, maldito! Una vez más logré tus collares.
Mancillé tus límites. Acoté el veneno de tus manglares.
La armadura de mi casa, hizo honor en su muralla. Guarda la fortificación, blandió su entrada. Salvo la viña, el hogar, la vida defendida y amada.
Muera el enemigo, limpia la plaga.
Esperemos que tarde la invasión a buscar su plaza.

Claudia Ballester Grifo.
PRECAUCIÓN.
El blanco inunda mis sentidos. Hay mucha luz y una fragancia floral que me excita.
Estoy quieta, pegada a una melaza transparente. Me abraza con sus hilos, me inmoviliza.
No puedo limpiar mis antenitas, mis patas se pegan. Alzo mis ojos y la cerea luminosidad me ciega.

La brisa llenaba de júbilo un dia hermoso de espiga florecida y tallos jugosos.
Andaba de excursión con mi madre y hermanos. Algarabía de color, olor e ilusión.
Se abría el mundo en su tela de pañuelo. Trazado de vida para patitas cortas y mucho encanto.  Valentia presupuesta y mucho garbo. Queratina de película y ambrosía de verano.

El sol bruñia intensos campos. De amarillo vestía el marrón de su manto. El verde brotaba de su matriz como alma que lleva el diablo, disparando su crecimiento en loa al abierto cielo, azul esmerilado.
Las pecas de colores, caprichosas, escanciaban aromas. Inundaban los sentidos, preparaban los jugos para el almuerzo y la buena mesa.

¡Mami, tengo hambre!
¡Ufffff, que hermosa corola!
Directito me lanzo a probar el manjar del secreto de su cueva.
Rápido, rápidito, centinela en la partida.
Me aupo de un salto y...
Blanco muy blanco el perfil del tegumen que me abriga.
Resbaladiza la pared que me llevó a su barriga.
¡Mamá! Creo que no es amiga.
La confusión obnubila mis salidas.
El letargo de una melodía succiona mis fuerzas, mis ganas... LA vida.

Claudia Ballester Grifo

sábado, 11 de julio de 2020

CABALLO DE TROYA.
Fue una quimera o tan solo el roce de un beso. Un suspiro que anudó un lazo que la piel persigue.
Una tibieza de ensueño en un harén de inquietudes, un capullo de rosa que creció al abrirse.
La piel tiene huella y persiste.
¿Qué fue aquello? Aquel fuego que prendiste. Huele a magnolia, rosas y jazmines. Fuerte es su humo, denso tul que me cubre. Fragante alianza que el tiempo y la distancia no vence.
No olvido, no. Tú, vives.

Doblada mi mirada en el retorno de mis inquietudes.
Vagando en un tiempo de mieles, frugal delirio. Juventud de primavera que besa su otoño, admirada de colores versar tan bello.
Acomodando la almohada, en posición de cuento. La mano en la dorada cabeza de su nieto. Cuentan las arrugas su delirio de amores, que fue real, pero sumido en sueños.
Alucina el niño, sumido en la historia de un amor que no es su abuelo.
Es mi mano la que acaricia su desconcierto.

Fui bruma un día y cabalgué con el viento.
Me empapé de sus olas, abracé picos y puertos.
Fui rotunda y sensible. Ardiente en despliegue de amapola y mariposa de colores.
Volé y volé, sin cadenas ni notas. Alcé mis pasos y la luz me atrapó en su juego.

Claudia Ballester Grifo
NO, SIN TÍ.
Perfilé tu hermosa cara con mis dedos danzarines.
En medio de la magia de un halo de luz bostezando entre las nubes.
Deshaciéndose la ternura en un mar de chispa cristalina, mecido a tus encantos, lecho de tus matices.

Se deshacía tu imagen, liviana, holograma que seducía la ola en su baile de zíngara.
Se discurría entre mis manos, riendo los cascabeles de su cintura.
Cabalgando su lengua dorada, besando el azul de su pupila.
Alejándose de mi anhelo, manos perdidas en el trazado que se diluye.

Se arruga tu mirada, se funde la sonrisa, se traga un "te quiero" que mi pluma ahoga en su tintero.
Sella el mausoleo la rosa roja de mi desespero. Encerrado tengo al objeto de mi deseo. Al amor en su estrella, pero no al alazán de mis sueños que a galope tendido se alejó de la perla de mis dedos.

Frágil lienzo en que me uní a tu verso.
Jugaron las palabras sus vacíos y sus huecos.
Revolotearon socarronas tu fuerza y desenfreno. El ánimo de tus bríos que no puedo seguir ni de lejos.
Baja tu mirada y devuélveme el beso, ese suspiro celeste que prendí en tu pecho.
Ese hálito de vida, misericordia de mis adentros, que se ahoga en una lira, melodía de los cielos.

Claudia Ballester Grifo

viernes, 10 de julio de 2020

           MARIQUITA.
Cojeando iba la mariquita, linda con sus colores de rojo y negro muy bien vestida.
Movía sus antenitas dibujando sonidos que se aproximaban y huían.
Caminaba un sendero de verde y amarillo, espigando los cereales semillas de gusto suave y bien rico.
Mirada al frente simulando mil ojos de alerta y desafío.
Piando los pájaros, fuente de su mayor peligro.
Silenciosa y por debajo de matorral y de maleza, del campo y a buen abrigo.
Cojeando va la mariquita, resuelta y valiente en busca de su destino.

Sopla la brisa fresca. Llueve el cielo un diluvio. Caen las gotas como piedras, grandes como el lago que atesora su líquido.
Rauda y veloz se atrinchera al pie de un árbol amigo. Escala su corteza, se adhiere al tronco, cosquillea el armazón de sus sentidos.
Sube el insecto, buscando refugio.

Afana el esfuerzo la puesta en marcha del suspiro. Morir ahogado es un martirio que la vida no permite al valiente y decidido.
Renqueando va la mariquita, suda la fatiga,  zigzagueando la estela en su camino.
Se alza hasta el cielo, besando el envés del techo que le da cobijo.
Quieta muy quieta, esperando el sol que beba el agua y reconforte el reuma de sus patas, la humedad que cruje su caparazón de mil guerras endurecido.

Caen las gotas. Reverdece el campo, se hidrata la tierra, huele a aliño.
Agudiza sus ojos que borran perfiles y matices, pero en grueso transmiten. Repliega sus antenas y descansa el precioso tiempo que la naturaleza le permite.
Duerme un sueño que se repite. Se visualiza como araña que guarda su agujero y por sorpresa ataca y reduce.
Fuertes patas y pinzas de alucine. Rápida y veloz, de fuerte embestida y poco renuncie.

Un curioso aguilucho la alcanza y la cruje.  Se la lleva en el pico, directa a su buche. Desde el cielo cae una pata y navega surfeando las rimas y las rosas.
Se despliega un aroma que despierta a la roja y negra. Cojeando desciende la mariquita resuelta.

Claudia Ballester Grifo

jueves, 9 de julio de 2020

NO TE VAYAS.
Huele la tormenta un hambre que desgarra. Suena desde lejos, danzando socarrona. Se alimenta de miedos y sombra, barriendo los cielos del sol que nos acuna y arropa.

Precede el ruido, anuncia el silencio la pared que se agrieta, avanza el muro de fuerza, oliendo a fresco y lluvia, a ruego y derrota.
No quiero,madre que el rayo me coja. Aquí sola, desde la terraza, atada al espacio de vida que me queda.
No quiero,madre que me arrastre el agua en su loca crecida hacia la marea alta.
No quiero, madre que en tu ausencia se me venza la baranda que me ancla y me pierda lejos de los brazos que me aman.
No quiero desaparecer y formar parte de la nada. Un vacío que parta mis sentidos y que me sumerja en una bruma opaca.

Huele la tormenta carne fresca y sonrosada. Una rosa abierta al huracán de sus alas. Cruje un rayo la luz de su alma, tildando de lejos tan magna estampa.
Se sumerge en el mar lampando su calma. Grises los colores partidos por el cuchillo que busca el corazón y se clava.
Mueve el rizo y bate su clara, la bata de cola ríe sus castañuelas, aplauden sus palmas.
Llora una niña con sus pies de plata, lágrima de Luna, sola, balbuceo del alba.
Dame la mano, hermosa, niña adorada. Foto de otro tiempo, yo misma, reflejo sin arrugas, sola en el tiempo y la distancia.

No quiero madre que te vayas.

Claudia Ballester Grifo

miércoles, 8 de julio de 2020

DAME LA MANO.
Veo los colores de la vida cincelados de detalles y bordes.
Huelo sus matices y oigo sus rumores.
Guardo con recelo los azules de mis amores, ese azul cielo que juega con las olas del mar confundiendo su rezo.
Adelante con el verde de mis anhelos, sopa de hierba que alimenta el olor del brecol, la hierbabuena,enredadera hasta mí ventana, abrazando mis sueños. Clorofila fresca y jugosa que alimenta el cuerpo.

¡Ay, del amarillo luminoso! Divagando desde el naranja al pasional rojo.
¡Ay, mi sol querido! El astro de mis ojos. La estrella que pende de mi corazón, de mi vida, el versar de mis antojos.

Blanco el algodón donde divagan mis pensamientos. Cascada de lágrima que alimenta mi arroyo, cauce de torrente que aplasta su espuma en el beso. Abrazo en las olas remando desde lejos. Hundiéndose en la corriente, amando desde la armonía y el silencio.

Quejido desde adentro, rasgando la lira de mi tormento.
¿Hasta cuándo?
Quiero vestirme de luz y espacio abierto. Empaparme de la brisa que trae el viento. Desteñirme en morados, lila y añiles para aparecer de violeta un día de mercado.
Reír con el rosa que cosquillea mis ánimos. Yacer con la plata y amanecer con el oro de tus encantos.

El día que la noche invada para siempre su espacio...Ese día, ¡Dios mio! Arropa el frío y el desencanto.
Qué el negro sea tamizado y el gris y mármol atemple mi llanto.
Qué note el calor de tu sonrisa y el amor en tus manos.
Qué sea el tiempo de cosecha para una vida sembrando.
Qué no muera, qué no... Quiero vivir a tu lado.
Qué seas la luz de mis ojos, el color de mis labios.
El amor de una vida, guiando la bruma para no perderme en el fondo.

Claudia Ballester Grifo

lunes, 6 de julio de 2020

56 ANIVERSARIO.
Libertad de movimientos. Danza la pluma, revuelo de melenas, salta la magía.
El sol ha madrugado besando mi sueño. La brisa se cuela con rocio de agua y mirada tierna.
Despierta mi niña a tu nuevo día, repleto de flores y poesia.
Sonríe al tiempo, benditas arrugas, huella de esfuerzo y mucha valía.
Mirada de miel, fruta madura, se deshace el almibar  siendo el gusto tibio  una estela de fragancia conocida.

Agradecida a la vida. Loca, loca por su regalo y sus muchas dádivas.
De su mano amiga, sin pedirle favores ni particular rima. Acompañando su ritmo como ola rendida a su orilla.
Llegando muy despacio a los espacios vírgenes que visten las palmeras y las orquideas.

Agradecida a la gente que amanece amiga, resuelta con sus palabras, abrazando mi dicha.
Palabras cálidas que atraviesan mi ventana en paloma blanca, cuartillas bordadas o llamadas benditas.
Arropada por todos, esta niña bonita, siempre en el espejo de vuestro amor dibujada y complacida.

7 de julio, el día que saludé a la vida. Reflejo de sonrisa, mirada ciega y la piel, sensibilidad pura.
Pronto se abrirían los luceros para absorber lo que acontecía.
Venía para quedarme con tesón y valentia.
Suave como la abeja cuando liba. Acariciando el lecho de la riqueza y la aventura. Disfrutando de los detalles que por pequeños conforman la alegría. Libre de cadenas de convenciones y majaderías.
Mucho lo visto y el poso se queda. Solera de bodega que el tinto alimenta. Color de sangre, vital belleza, sabiduría.

Danza la pluma, loca, locuela. Describe el epitafio, se enrosca, relame y erupta.
Viste de colores el alma escondida. La conduce por los rieles de la dulzura, desnudando su cara blanca tímida y retraída.
Sale a buscar a su gente querida. Quiere dar las gracias, muchas gracias a tantos amigos como me felicitan.
OS QUIERO.

Claudia Ballester Grifo

domingo, 5 de julio de 2020

RESERVA.
Desde el orbe infinito disfrutamos de la magia de la vida.
Se acerca el negro del universo al azul limpio de la atmósfera terrestre.
Los deshechos que producimos,en su mayoria, son gases.
El agua que peina la corteza terrestre se evapora huyendo de su cuenca.
Cambian las nubes girando sobre el océano creando fuerzas extremas.
Se calienta el mundo y los huracanes se cobran sus muertes.

Las madrigueras desaparecen y la necesidad de refugio acucia a sus seres. Husmea el ratoncillo tras emanciparse de su gente. Se oscurece el dia dibujando las nubes que giran y giran formando un huracán en sus ciernes.
En 8h besará la playa y las inundaciones bloquearán a sus seres.
Harry, Inma y Katia no son amigos, no. Son el enemigo en su barrera de muerte.

Desde el espacio el globo terráqueo crepita y chispea. Los rayos atraviesan con fuerza y sin demora. La tierra se queja con sus chispas letales, el fuego bizquea quemando coníferas, bosques y madrigueras.

El incendio estrangula royendo cortafuegos que le resta oxígeno a su inesperado tropiezo.
Mancha de fuego, pulmón ardiendo, solo la Madre se restablece en equilibrio combatiendo heridas que dan mucho miedo.

En Tanzania, África tierra de cultivo... Se vuelve a pintar la sonrisa del bosque que trae nuevos miembros.
El chimpancé progresa, la tala de árboles amenaza a la aldea y sus vecinos.
Mar besando su tierra. Ayuda de los satélites para guiar un nuevo mundo.

Claudia Ballester Grifo
MARA ANGELES, PINTORA.

Desfilan por mi cabeza dibujos bellos. Pinceladas de mundo que refleja un pincel agudo y muy diestro.
Se perfila un rostro en el manantial de mi agua cristalina.
Sonrisa abierta de emoción contenida.
De porcelana piel, blanca como su genialidad absoluta.
De trigo su cabello, brotes de hermosura. Es tan linda su imagen como el pozo que la abastece y la cura.

Surcan los barcos por sus mares, libertad requerida. Nostálgicos y pequeños bajeles de hinchada vela y noble singladura.
Inflada lleva su estela a puertos de calado blanco y panorámica complacida.

Son sus retratos retazos de alma profunda. Se visualiza la mirada del espíritu que tiene la huella adscrita. A trazo de sepia o colores suaves como arrullo que acuna. Vida propia, las alas mueven la magia que aventura.

Pájaros de ensueño, colores de locura, armonía de melodías que dan aliento a la vida.
Hagas lo que hagas, escribes poesía. Dibujas tus imágenes, recreas verdades y fantasías.
Todos mis respetos, amiga y artista.

Claudia Ballester Grifo
Foto de Mara Angeles Palomo Nicolau.

sábado, 4 de julio de 2020

EVENTO ROSA MÍSTICA
     IV EDICIÓN.

ROSA MÍSTICA.
Madre, tú que estás en las alturas y nos miras con esa luz de celeste luna.
Mirada tierna de bondad infinita, dibujada de nardos y blancas orquideas.

Madre, Rosa Mística, de dorado sacrifio.
Renunciaste a tu hijo para bien del mundo.
En roja penitencía viviste su calvario. Lloraste sus lágrimas,
con las perlas de tus dedos acariciaste su sufrimiento.
Sus quejidos fustigaban tu aliento y honda pena, acompañaba el calvario de su espíritu en ascenso.

Madre blanca, de oración al cielo, con las manos juntas enarbolando plegaría al viento.
Ruega por nosotros, tus hijos que con veneración te queremos.
Mira a esta hija que rodilla en el suelo, te suplica una sonrisa, un guiño al futuro incierto. Un amago de simpatía, un abrazo espiritual y eterno.

MADRE, misericordiosa.
¡Bendita entre todas las mujeres!
Ejemplo de virtudes, espejo que refleja humildad y fuerza, el carácter que abanderan las mujeres.
Amor que restaña por encima de picos y cumbres.
Himno de dulce ambrosía que enamora e hipnotiza a los varones.

-Me enamora tu nombre, se eriza mi piel en busca de la suavidad de tu amor.
- Adoro cada destello de la estrella que te anuncia.
-Deseo alcanzar el sendero de tu destino y bañarme en la fragancia de las flores que tapizaron tu camino.
-Resuenan en mi oído las melodías de los arcángeles que anunciaron tu destino. Uno de ellos te regaló con la buena nueva de tu Hijo.
-Envidia siento de la sombra de la punta de tu vestido. Quiero ser parte del último hilo que hilvanó la compostura de tu manto divino.
M
A
D
R
E🌹

¡Oh, Madre, Rosa Mística!
Dulce imagen siempre adorada.
Venerada por tus hijos, intercede con nuestros rezos al Padre que nos ama.
Mi corazón se convierte en un ramo de rosas, rojas y blancas, para ti, Madre mía, dulce rosa, BIEN AMADA.

Claudia Ballester Grifo
ENTRANDO LA NOCHE EN BENICÀSSIM.

Me miras con tus jugosos pimpollos, abiertos de verde brioso, de cara al cielo, susurro al viento, plegaría de tronco leñoso.
Perdida en el abrazo de tus nudos, acariciada por el envés de tu nervio, la fuerza de tus raíces alimenta la dejadez de mis miembros.

Margen de las villas al pueblo. Estuco de blancos, falda de los picos que invaden el azul intenso. Guiños de luces que amparan el bostezo. Se acerca la sombra recortando los fantasmas que invaden los miedos.

Riela la luna besando la mar en espejo. Se eleva alzada por dos hilos de hielo,finos como agujas con el soplo del éter bajo cero.
Mira con ojos de chispa de acero,
sonríe socarrona al pueblo gentil que se acomoda al sueño.
Se dibuja iluminada por el reflejo del sol cayendo, escondido tras las montañas, su fuego lamiendo el deseo.
Luna plena, de faz alabastrada y melena de luz al viento. Se sabe querida, su suspiro es roca de lava para su amante eterno.

Claudia Ballester Grifo

jueves, 2 de julio de 2020

CALLA.
Calla el huracán la melodia de la brisa en tu rostro. Rompe los cristales de las lágrimas de tus ojos, ahogando la plegaría que junta tus manos y bautiza el encanto de tu versar en el algodón del cielo hermoso.

Calla la mar rizada el vals cadencioso de las amorosas olas en el besar de la playa su romance ardoroso.
Ruge la marejada un tormento ebrio que silencia las dunas de su fluir hipnótico.
No logra su fuerza eclipsar el remanso de paz que se afianza con la huida de la arena, abrazada fuerte, fuerte, en la seguridad de su playa.

Calla el galope de la avalancha, galopada de melena blanca y fría, colapsando la montaña.
Se repliegan los árboles, la vida corre y escapa, huyendo del zumbido que truena en la ladera y resbala, resbala.
Se hace el silencio y el blanco domina, dibuja y retrata.

Calla el volcán que ahoga con sus humos de chimenea atascada.
Viste con su falda de lava ardiente, aséptica, largo de Prada.
Luce el brillo, el calor asfixia y abrasa.
Burbujea la vida y de sopetón duerme y para.

Terremotos y maremotos de la mano resuelven, estremecidos , labores varias. Callan con su estruendo, parten el alma.
Dividen corazones comprometidos, separan besos de miel y suspiros.
A cuchillo cortan sin evitar sangre ni dolor en su camino.

Callan y Callan... Fuertes y aguerridos. Dioses de la naturaleza, dominantes en su Olimpo.
Arrasan con todo porque pueden y es su cometido. Secretos de la naturaleza que maneja sus hilos.
La Gran Madre no opina por capricho.
Se duerme la noche para parir un nuevo día más vital y hermoso.
En la calma de la mañana nace un rostro limpio.
Tu profunda mirada vuelve a ser el descanso y el alivio.
El brillo de tus ojos, lo merece todo, dulce amor mio.

Claudia Ballester Grifo
¿MEJORES O BUENOS?

Mejores, sí, podemos ser mejores.
Buenos, sí podemos ser buenos.
Y, ¿qué es ser buenos?
Perfilar un sueño en un beso.
Admirar cómo bambolea una cortina su danza con la brisa que dirige su concierto.
Sentir como propia la risa del otro y nadar en sus lágrimas abrazando un dolor intenso.
Tender la mano al que anda cojo, ciego o sordo al deambular de la jungla de asfalto.

La sensibilidad y el ser bueno son amigos íntimos, necesidad el uno del otro.
Se oye con la piel, tacto hermoso para la acaricia del niño, maestro de ingenuidad y cariño.
Se ve con el alma, dama predispuesta a dar su sentido.
Se oye con el corazón, frenético pálpito que impulsa la sangre donde el riego satisface la sed del necesitado.

Ser buenos, amigos, todos somos buenos.
Nacemos con un cesto cargado de empeños. Carta blanca para principios y proyectos. Cogidos de la mano del amor intenso.
Desnudos de piel y prejuicios, abiertos a un mar inmenso.
Nadando en sus aguas, dominio de todos, fluido del tiempo.
Sin carga y sin fatiga, poniendo empeño, saboreando los descansos y paciencia con los recesos.

Mejores,
¡Ay, amigos! Mejores, los elegidos.
Los que practican en el ascetismo y hacen de la observación y la reflexión su mejor amigo.
Los que rezan juntando sus manos, acercándolas a sus labios, compartiendo un murmullo.
Los que sufren por su familia, por sus amigos. Les duele el dolor del mundo.
Estallan los gritos de la indecencia y el vandalismo, terrorismo que secuestra el bien común y el hechizo de ser humano, respetado y protegido.

Restaña el frío del miedo, la soledad, el abandono y la agresividad...
Se corta la rosa del jardín, santuario de vida, promesa de buen fin.
Sangra por sus espinas, arruga su corola de fragancias mil.
Respira su agua, agoniza su perfil, cada gota que evapora el respirar de un humano que muere su infortunio mudo, ciego y sin oír.

Claudia Ballester Grifo

miércoles, 1 de julio de 2020

DESPEDIDA.
Mirabas como me iba. Me sangraba la espalda a llaga viva.
Apretados los puños, con paso firme, sin girar la mirada.. No podía.
Tus ojos, esos ojos de llama tatuada en mi pupila, me los llevaba conmigo, cosidos en mi alma, tesoro de gran valía.

Mucho habíamos hablado. Largos silencios, sin respuesta a mis preguntas. Deshojando la tierna margarita, estirando sus pétalos, cercenando su belleza por una aventura.
Continuas esperas, regulares ausencias, dañinos olvidos y verdades a medias.

¡Ay, encuentros! Salpicando el júbilo, empalideciendo la luz de las mismas estrellas.
Con tu aliento llenabas de cosquillas mi ensueño.
Con tu gesto alentabas mis desvelos y con un mohín moría por dentro.
El arco eléctrico que se creaba era tan intenso que flotábamos en una fantasía y nos hechizaba el tiempo.

¡Ay, tu temple de fuego! Deshacías tu lava gravando mis letras en un dibujo de poesia.
Susurrabas que no me merecías y yo loca, loca, callada... adiós, vida mía.
Pañuelo al viento, triste singladura.
Paso firme, sin girar la mirada, 30 años después recuerdo llorar sentada al lado de la ventana.
Claudia Ballester Grifo
EMBARAZO.
En las plumas del cielo jugaban los querubines, pastos de algodón fresco amortiguando caídas y refriegas infantiles.
Pepín tiraba de las trenzas a la linda Martita, defendiéndola su rubio amigo con una patada a la espinilla del malintencionado incauto.
Rodaban las lágrimas por la escocedura, temblando los dientes y mirada taciturna.
Reía la niña la travesura, Mateo era su valiente, sin ninguna duda.

Sonaban los flautines por la vereda tranquila. Se acercaban capas y sainetes de envergadura.
Los querubines movían sus alitas, con la mirada expectante y acompañados de sus liras.
Se anuncia San Pedro portando noticias.

Mis niños queridos, la tierra os necesita.
En una casa rodeada de verde y flores de fantasia una pareja espera a su querida criatura.
Muchos años de amor y felicidad compartida. Muchos intentos de formar una familia.
Visitas médicas, muchas alternativas. Sin aparente causa para no engendrar la vida.

El Padre Santo trae una fotografía. Estos son los padres para un hijo o una hija.
Inmediatamente Pepín, Mateo y Martita dan un paso adelante buscando aventura. Desean esos padres, quieren volar hacia su nueva vida.

San Pedro prepara dos sillas. Juegan a la rueda  entonando una cancioncilla. Corren los tres para sentarse al alto de la melodía. Se queda Mateo mirando la luna.
Vuelta a la rueda, giran que giran los niños sin tocar la única silla. Al tiempo se sentó Martita.
La niña salta de alegría. Se despide de sus amigos y acompañada de una cigüeña, rutilante y emocionada emprende su ida.

Claudia Ballester Grifo