Cabalgando por las olas esmeraldas de hermosos prados,
Con la crin al viento y sudando la piel nervios y apuestas,
ojos almendrados de incuestionable belleza,
albo tu pelo, cepillado contrapelo,
pura sangre de carreras.
Furia del viento rompiendo cadenas.
Briosos pasos en el silencio de un lago con barcaza dispuesta.
Los ensueños en pasarela dándose un baño ligeros de ropa.
Labios rotundos besando tu boca,
cerrando la sonrisa, lamiendo la piel de tu mucosa.
En el idílico páramo de montaña viendo su imagen en el holograma de unas aguas quietas,
descubriendo las nubes una melena naranja con mirada de cielo que las despeja,
tu mano en su talle,
tu figura de talante dispuesta,
pajizo tu pelo, enamorado lascivo que la provoca.
Amante que susurra a los caballos,
ella la doctora de sus cuerpos, de su mente y euforia.
Manos que se abrazan en un sueño,
el sol los acaricia y atesora.
Nace el amor en un instante,
firme sentimiento escrito en las estrellas.
Sella un beso su encuentro,
el caballo blanco trota con cola
de seda.
Claudia Ballester Grifo

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