Lloran las nubes llenando el asfalto de pompas en diálogo con sus lenguas de agua.
El azul se acera en magenta, caída de naipes en una siesta casual de alas de hada.
Se acuesta la sierva de casa y faenas varias para abrazar el apoteosis de una noche de gala.
Se ríen los niños, cabriolas de cuarzo rosa,
fregados los platos, la casa dispuesta.
Las estrellas brillan con sus diamantes de fiesta.
La magia viste con traje de lentejuelas,
negro como la noche de azabache inmersa.
La mujer, bella por naturaleza aporta su guiño,
su sonrisa de blanca perla.
Es ella, dispuesta.
segura de sí misma, sabiéndose cuestionada, raíz firme y cierta.
Sueña en su mundo,
atraviesa océanos y barrancos,
luce con un corazón abierto y un alma sabía y maestra.
La mujer, rama flexible de un árbol de verdes hojas y savia convulsa
recorriendo el cuerpo sabiendo a cierzo y misterio de brisa hablando milenios de sapiencia.
La mujer, ciencia y arte,
folklore en el movimiento de sus muñecas.
Mujer sacerdote en sus conversaciones de juramento y ayuda,
callada en sus juicios, vacía de críticas rastreras.
Libre como el viento que besa las nubes y despeja el sol que se adueña.
Mujer, madre del mundo, cuidadora de la belleza.
Oxígeno y aporte,
sangre que salva y nutre la enfermedad y la tristeza.
Mujer, vida... Quien atenta contra ella se anula en su origen,
es lerdo, tonto,
sordo y ciego ante el nuevo día que despeja.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario