Llegas con tu sonrisa abierta abrazando mi temprana tarde,
con esos ojos profundos de muchas verdades,
oliendo a cielo despejado,
a las frambuesas que prodigan los zarzales,
a esa simpatía que fulgura de un corazón con grandes cicatrices,
medio curado por el tiempo y las necesidades..
Llegas con las primeras calas que suspiran mis cantares,
sabes que muero por ellas,
blancas de tallo largo,
finas y elegantes.
Me sorprendes con la primavera llamando a mi puerta,
llega la alegría,
la amistad profunda que me arropa,
eres un rayito de sol que me acaricia,
la risa fresca que compartimos
horas y horas.
Eres amiga de tardes inciertas,
de mañanas floridas,
de batallas e historias.
Eres un pan bendito,
un caramelo que llevarse a la boca,
un amor de mujer,
a veces niña hermosa,
risas y risas, expansión y
buena cosa.
Cuando la tristeza agobia
me llamas con voz apagada,
urgencia que te acosa.
Desde lejos oigo mi nombre,
mi querida cala grandiosa,
te duele la pena,
mi voz te acuna... Te transformas.
Claudia Ballester Grifo

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