lunes, 8 de marzo de 2021

MANOS


El veía con los ojos del alma, conocía por las manos, 

disfrutaba de la voz que afable le regalaba. 

Su mundo eran los libros, su vida el profesorado. 

Ella una casualidad, una rosa de largo tallo, 

alguien que fue a leerle historias del alumnado,

alguien que no sabía que su vida cambiaría de inmediato. 


Una copa de vino;

él le puso sus manos, dibujó su cara

alucinando,

no podía ser más preciosa, 

tener más encanto, tersa y suave piel, 

afinados rasgos, 

voluptuosos labios que reseguía con sus dedos avispados,

seda de cabello, largo y fino,

oliendo a mirador de un mar cercano. 


Ella quiso conocerlo con las manos,

vendó sus ojos con raso

deslizando sus dedos, acariciando su tacto, 

juntas sus caras, 

besando el aliento mentolado,

sintiendo sus bocas, 

descubriendo un mundo sin luna ni espacio, 

siendo suya, amando rendida,

los dos callados. 


Él le puso una copa de vino... Le sonrió admirado, 

ella le miró a los ojos, 

se perdió en el azul de su lago,

una rosa bebiendo agua entre ambos, 

un cielo iluminado, 

un mar lamiendo el vestido 

de una terraza abierta al amor ilusionado.

Claudia Ballester Grifo 


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