Ella era poeta, acariciaba los susurros,
olía las fresas.
Escuchaba los trinos,
alguna algarabía de gaviota yendo al basurero, comida fácil y certera,
estridente sonido rompiendo la armonía, no por ello, menos hermosa.
Ella, olía a sal y bruma cadenciosa,
llegando despacito a abrazar sus olas,
enroscadas las algas viscosas,
resbalando por su cuerpo en un racimo de turbias hojas.
Ella, tierna mariposa salida de su capullo, metamorfosis de oruga que se viste de fiesta.
Ella, luz y vida,
farola que alimenta la ventana de persiana abierta.
Ella era poeta,
cabalgando en sus noches de luna pendenciera.
Hechicera de la pluma que rauda escribía sus propuestas.
Movida por hadas buenas,
duendes picarones y almas persiguiendo quimeras.
Ella... Tú sabes de su sonrisa y estrategia.
Ella aspiraba a ser tu poeta.
Claudia Ballester Grifo

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