El bajel surcaba la noche de un mar en calma
avanzando su recorrido sigiloso,
secreta misión que las estrellas abrazan.
Redondeadas formas, fantasma de glaciar susurrando la letanía de brazos alzados pidiendo agua,
pies descalzos volando huellas que no quedaban.
La aurora desplegaba sus velos de luz tenue
anunciando una tibieza bruñida y tornasolada,
de trigo sus cabellos,
azules sus luceros de mirada cándida
deshaciendo el hielo, en suspiros de mil plegarias.
El sol en su hora máxima saca humo de bruma estanca.
Se ríen las nubes jugando con el algodón de sus ganas,
engordan y engordan hasta estallar con vítores y gracias.
Desaparece la estela perdida en el horizonte,
se extiende la lluvia con su manto divino colmando las bocas que se abren;
los niños ríen las caras reconfortadas de las madres,
saltan los peces por los rápidos mientras aplauden las plantas con las flores paridas que cantan.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario