lunes, 17 de febrero de 2020

UNA ROSA.
Una rosa negra agoniza
en mi pecho,
resquebrajada y rota de
pulsar incierto.
Una opresión estrangula el miedo,
fantasma de la luz que
se convierte en hielo.
Una pena se arrastra por el suelo,
suplicando un poco de agua
en el arenal reseco.

El grito del silencio es
una almohada blanca
de cuarto de enfermos.
Atada de manos,
amordazada por entero.
La verdad no existe si
se le da la vuelta
para infringir daño y
desconcierto.

Una rosa negra agoniza,
pero aún percibe cálida luz
en el encierro.
Se vislumbran sonrisas,
siempre hay manos amigas
que entienden de llantos.
Brilla la esperanza para
los limpios de corazón,
la rosa vira al blanco.
Claudia Ballester Grifo

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