QUIRÓFANO.
Estaba un anciano sentado en un banco del parque. Miraba cómo jugaban los niños y sus días cogían una ilusión aconformada. Suspiraba en segundos regulares, entornaba los párpados y guardaba las imágenes que atesoraba.
Se le acercó una niña en un soplo de aire. Tan leve su cercanía que se sobresaltó al verla.
La niña se sentó a su lado ofreciéndole unos ojos muy grandes. Se dibujó una sonrisa que dio expresión a ambas partes. Entablaron conversación como si se tratara de dos comadres.
El anciano representaba la experiencia y el saber. La niña la enfermedad y el saber recopilado con las prisas del padecer.
La niña le contaba al anciano su recorrido, esperanzas y anhelos y a ese punto de su vida tan sólo esperaba una llamada para que le dispusieran un quirófano.
El anciano afligido le ofreció un caramelo, con él pagaba la vergüenza de no tener respuesta a la demanda del desespero. Se despidió de la niña con un beso y directito se fue a la Casa de Cultura a empaparse de Seguridad Social y de derechos.
Claudia Ballester Grifo

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