AZUCENA.
Y tú me dices con la mirada ausente que hoy lloro y afirmo ser feliz.
¿No es feliz el polluelo que sale de su huevo con la fatiga de la presión?
¿No es feliz la madre que abraza a su hijo tras el parto?
¿No es feliz el reo absuelto de la inminente silla eléctrica?
Pues hay más.
Se puede ser feliz con la caricia de un suspiro.
Se puede ser feliz con el sueño aún no dibujado, pero ya percibido.
Se puede ser feliz con la risa del agua cuando abres el grifo.
Se puede, con el abrazo en el aire de un sentir querido.
Se puede con las ganas y el empeño, con la fuerza de un león herido.
Se puede porque se quiere y se ama la vida con el desespero y la fuerza que requiere el deseo, la pasión y la dedicación merecida.
Se es feliz llorando porque las lágrimas curan los ojos y el alma viniendo el caso.
Palomitas en el estómago que resurgen a volantazos. Atropellan el vahido de vértigos y dudas, miedo al fracaso.
¿Y, tú me dices, azucena en el campo?
Tú sabes de vientos, lluvias, nieves y desamparo.
Tú surges cada primavera en el prado y eres la lágrima que derrama el poeta, loco de contento y agradecido a tu tacto.
Claudia Ballester Grifo

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