EL GUEPARDO.
El guepardo lame sus heridas.
Ruge en su pesadilla
sin reconocer la batalla,
despertando al día.
Recostado sobre la rama de
su árbol favorito,
aquel alto, de tronco retorcido,
ramas gruesas de giros
para felino aguerrido.
Desliza sus movimientos
dolorido.
De un salto al suelo,
soplando un gemido.
Siente las fauces secas
y olfatea el camino.
Cogeando busca la charca
que le dé alivio.
Renquea el dolor de su
cuerpo malherido.
Se descansa en cada paso
del polvo cansino.
Saca la lengua buscando
un aire que le roba el sentido.
Olfatea el agua y hace
de llegar a la meta su
único motivo.
Llega el frescor,
le recibe el río.
Se desploma en su orilla,
acuchara su agua por
el hocico.
Entorna los ojos y la
luz le refleja un amigo.
Sonríe a la imagen que emerge
junto a él besándole el
cuerpo de muerte revestido.
El cocodrilo lo acoge
y se lo lleva a su nido.
Claudia Ballester Grifo
SE TRATA DE UNA METÁFORA.
EL GUEPARDO SOY YO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario