domingo, 16 de febrero de 2020

SANIDAD
Cuando yo estaba estudiando enfermería, promoción 87, nos enseñaban a procurar el confort del paciente.
El paciente cuando ingresa es desprovisto de su intimidad. Deja su hogar y se desplaza a un lugar que tiene la misión de atender sus necesidades tantos médicas como higiénicas, alimentarias y psicológicas.
Se debe procurar disminuir la ansiedad del paciente ante lo desconocido. Se Le deben explicar las pautas de la planta, abastecerle de lo necesario y atender a sus preguntas.
La planta debería estar adecuada a cada especialidad.
¿Qué ha pasado?
Te ingresan por urgencias porque si no no tienes cama. Eres una enferma que te han seguido en consulta y has guardado el tiempo necesario para hacerte todas las pruebas. Estás diagnosticada y saben lo que tienen que hacer.  Te ha visto el anestesista y está todo preparado.  ¡No, no está preparado!
No hay cama y no hay quirófano. 🥶
-Pero, mire, se me va el pie-
A urgencias. Sin protocolo de trasplantados para que baje el cirujano vascular cuando pueda y te ingrese. Con tu maletíta, tu silla de ruedas, pasando las horas, las comidas y las tomas de medicación.
Te tose el del lado. El otro con fiebre. La señora con gastroenteritis y tú rezando que todo el mal sea que te corten dos dedos.
No hay cama. No te pueden ingresar un día acordado a las 6 de la mañana para operarte  a las 8. Ya duchada y preparada desde casa.  Dos días de inmovilizacion necesarias y de alta. Las curas ambulatorias o domiciliarias. Se ahorrarían un montón de camas y el personal iría menos agobiado. Tanto el sanitario como los pacientes.
Están destrozando la sanidad pública. Le han robado, la han desprotegido y luego salen por televisión unas caras con los labios pintados diciendo que la Sanidad española lo tiene todo controlado. Me rio yo y lloro del control, de la atención y de las camas y quirófano.
Claudia Ballester Grifo

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