miércoles, 26 de febrero de 2020

ALMA.
Se apagó la luz de sus ojos.
Ladeó con delicadeza su cabeza.
Silenció un murmullo,
se fue sin mirar el mañana.

Liberó el lastre su alma,
se desprendió de aquel cuerpo
que le valió su gracia.
Se detuvo un instante
para mirar su rostro
en el pergamino de sus alas.

Fue en una hora que el
sol calentaba,
bien alto y firme en el cielo
para mejor mirarla.
Cinco hijos abrazando
su cama.
Un beso a cada uno,
dejó el alma.

Me enteré en la noche cerrada,
pero un pulso firme
me prevenía en la distancia.
Se fue en paz y tranquila,
como quería y deseaba.
Perdió el miedo,
ganaron las ganas.
Descansa en paz,
amiga de la cama
de la ventana.
Claudia Ballester Grifo

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