SUEÑO AZUL.
El mar estaba precioso. El sol calentaba rabioso lamiendo el sudor de la piel. Ella huía de sus pensamientos, presagios que atrapaban sus sueños y la mantenían en una duermevela cansina.
Con su trikini esculpiendo su estilizada figura entró en el agua portando su colchoneta.
El agua fresca reanimó sus sentidos y de un salto se tumbó encima de la cama flotante. Braceó buscando la soledad, huyendo de gritos, juegos y aguadillas.
Silueta de tela roja sobre el fondo transparente del hinflado plástico. Piel recién dorada, expuesta de bruces, relajada. Mar calmo de olas vencidas. Llegó el sopor y el sueño pesado. Vagó la chica de cabellos verdes y mirada gris dormida bajo los párpados cerrados. Se la llevó el mar con su mecer de cuna preñado.
La lluvia moja su espalda caliente. Las olas salpican espuma salando su boca semi abierta. La joven se despierta dando vueltas en el ojo de un torbellino que la engulle entera.
No se entera. No duerme, pero vuelve la pesadilla real y auténtica. Mira hacia abajo y suben a su encuentro las lenguas que la atrapan, la anudan, la envuelven, la amortajan.
Es la Poseídonia que la devora. Melania se ahoga y espanta sus ojos mientras el agua inunda sus pulmones. La engulle la planta del Mediterráneo celosa de su belleza. La arrastra hacia un lecho de flores que dibuja su cuerpo flotando sobre el lecho marino.
Neptuno alertado por sirenas que han presenciado la agresión de la selva acuática acude a la escena cargado de esperanza.
Se acerca a la niña y reconoce ese cabello y esos ojos de ceniza templada.
Esos hilos preciosos verde esmeralda. Acaricia su rostro y besa la fresa adorada, insuflando un halo de vida a su hija robada.
Melania flexiona su cuerpo, levanta su mirada. Observa al salvador de sus sueños y "papá" es la exhalación que le devuelve la vida, las fuerzas y las ganas.
Padre e hija se sumergen con la cola de sirenas que les acompañan.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario