Blanco mármoleo,
tiznado de sombras.
Cercado antiséptico
de mil vidas microscópicas.
Cerrado hostil,
plagado de miedos,
en pijama azul de
ansiedad recubierto.
Dos camas gemelas
embuzadas en sudario
parco y exfoliante,
De grano grueso y
raspaduras de usos diarios,
Llenas de fantasmas,
lloros, sufrimientos,
dudas y miedos.
Hemos acudido sin querer,
sin poder remediarlo.
Cruzamos los dedos y rezamos,
Dios mio, no va a ser nada!
Deseamos volver a casa
y descansar la aflicción
en la cama de nuestros deseos,
más, no,
ese día no tocaremos
sus sábanas bordadas.
Cerramos los ojos,
tranquilizamos el alma,
sonreímos al fantasma
de la soledad que
nos acompaña.
Aunque las vendas
nos aten, nacerá un
mañana con nuevas
promesas, posibilidades
y esperanzas.
Dios mio, bendito!
Aliado en mi causa.
Bendice mi angustia,
mira a esta hija pequeña,
apenas un grano de arena,
un suspiro, un rescoldo
encontrado
en una creación magna,
allá perdida en la cadena.
Claudia Ballester Grifo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario