martes, 27 de agosto de 2019

DANA

DANA. Nombre de tormenta.

Fustigaba el viento ululando en la terraza.
Los calambrazos de luz
iluminaban la noche,
produciendo luceros
en la noche cerrada.
La luna, secuestrada.
Amordazado su halo,
brillaban las luciérnagas.
En cada destello,
un bombazo de trueno
estremeció la estancia,
haciendo rezar al más agnóstico
en la cama.
Circulaban los Padre Nuestro,
cerrando los ojos,
abrazados a la almohada.
Se sudaba de miedo,
pero con calma.
Reposo sostenido
del que teme sin pasar nada.

Con un hachazo se quebró
la noche y,
con savia renovada
bosteza la mañana.
Nos regala el calmo día
una postal recortada.
El mar en silencio plomizo,
ahoga sus olas en la distancia.
Las nubes estancas
planean cubriendo al sol
de bruma y de escarcha.
Refresca el dia,
se despereza el sonido
de la vida.
Una tierna voz de niña
alegra ofreciendo el pincel,
dando color a la algarabía.
Es el cuadro de una tormenta,
la tempestad que precede a la calma.
Despedimos agosto
con fuego y traca.
Se acaba el verano
y volvemos a las aulas.

Claudia Ballester Grifo

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