viernes, 25 de octubre de 2019

Y, PARA QUÉ?

El corazón bombea como motor primero y único una sangre marcadora de vida. Alimenta nuestro ser y lo mantiene apto y vigoroso para el devenir del día.
Sienten nuestras venas el pulso que teclea riguroso el dictado de lo que guarda la mente,formando un equipo apto y capacitado para enfrentarse
a metas y obstáculos,experiencias necesarias por siempre.
Nacemos con las expectativas que ponen los padres. Crecemos en su cuidado, es tiempo de apego.
Creemos en lo que nos dicen y en lo que vemos. Es el gesto de su cuerpo algo que los hijos retenemos.
En el andar del tiempo, marchamos al compás del sosiego de la familia y su seguridad para saltar al desafío de la inconsciencia,en el transcurso de esa edad, época de la adolescencia que en algunos puede durar más.
Con la importancia de los amigos empezamos a valorar, somos individuos capaces de pensar. De momento los padres sirven para batallar y el desafío va a durar, pero sirve de ensayo para esbozar la realidad.
Parece mentira, si sobrevivimos padres e hijos, todo se andará. Cuando el retoño se muestre en el espejo y vea el reflejo de algún familiar, con el que se suele sentar a comer y cenar, es la hora mágica para empezar a labrar.
Empezar un camino que otros seguirán. Reflejar lo aprendido y,en el lago de la verdad,esculpir un castillo de tierra y sal. Abrir sus ventanas de fumado cristal para que entre el sol cuando quiera y se siente a merendar.
Qué nadie se cuele en nuestro hogar. Llegarán las estrellas con aliento de mar. Serán las escogidas ni una más. Serán las que queremos para el collar del amor y la lealtad. Somos nosotros mismos reafirmados y entendidos. Fieles a lo que pensamos, sin miedo, preparados y consensuados. Ánimo,hay que votar.
Claudia Ballester Grifo

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