SEXUALIDAD SUMERGIDA.
Puede una mujer querer a un hombre que pertenece a otro.
Puede la tierna juventud soñar con juegos que,al fin,pueden cobijar gustos y preferencias.
El amor nacido en trono
puede besar a quien quiera.
Los secretos de palacio
quedan protegidos por dagas
y cuerdas de nudo apretado.
Piel tersa y dadivosa.
Se sellan en la alcoba
argucias y políticas
condenatorias.
Al ritmo de la pasión
se construyen castillos
y se alzan torres.
No importa el género
ni el número,
no importa la alianza
ni el compromiso,
la lascivia manda y
urge cuños que entre
sábanas se salvan.
Ligereza de alta alcurnia,
noble casa.
Aristocracia de doble cara,
triple fondo y lo que
haga falta.
Claudia Ballester Grifo

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