EL TIEMPO.
Las agujas del reloj han enloquecido. Giran del revés y en cierto punto se enmendan, pero ya no consiguen reiniciarse.
Las campanas seguían el cronómetro. Ya tañen locas, respetando silencios.
El cielo sigue azul y el mar plácido acuna su encuentro.
Selene se posiciona en el firmamento, luciendo su espectral manto. Va de gala la dama. Al encuentro va mi aliento.
Enlazo su tejido, me aferro a su halo. Es mi luna querida el fruto del canto de mis lamentos.
El sol se despereza tras su descanso. Amanece en mis esperanzas para dar calor a mi llanto. Evapora mis lágrimas y forma nubes de algodón y encanto.
Nace el día y la vida despierta del letargo. Esa vida tan bonita a la que dedico mi canto.
Crece la hierba y de verde se viste el campo. Aparece el rojo de las amapolas y tatua el corazón en el prado.
Revolotean las mariposas y llega el Espíritu Santo.
Claudia Ballester Grifo

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