Quiéreme,
quiéreme con el alma,
con ese murmullo de silencio
que no necesita de las palabras.
Quiéreme con la fragancia de las rosas que se asoman a tu ventana,
con ese aliento a fresco que mece mis rizos,
que mueve los senos de mis montañas.
Quiéreme sol de mis días,
cálida luz de mis mañanas,
enamorada de tu menta,
del fragor de tu mirada.
De puntillas, bailarina de la canción que me cantas,
saltando cada tecla de tus dedos en arpegio y hadas.
Mueves el tul de mis ganas,
cerrando los ojos al mar bailando sus olas celadas.
Eres viento, timón de bajel y fragata.
Eres la rosa de mis vientos, brújula,
estrella que me acompaña.
Eres lo que yo invente,
purpurina dorada,
solo yo descubro el perfil de mi amante en la cama,
muchas son las estrellas para
amarlas.
Claudia Ballester Grifo

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