Voy subiendo por la cuesta de la vida,
regalando mi cabello con el sol que me acaricia.
Alegres mis ademanes sonando los cascabeles de mi risa.
Erguida mi postura tirando de ella hilos de seda fina.
Oliendo a azahares, abrazada por el Levante que me empuja,
entusiasta siguiendo el reguero de tu letra escrita.
Las nubes escuadriñan con polvos de arroz y un rayito de picardía.
Ahí va la zagala, prácticamente una niña.
Ahí va ella con los surcos de la tierra marcando su cara fina,
bocado de caramelo,
ojos de noche sin luna, flor de primavera temprana,
perlas regando el pensamiento que le dedicas.
Es el amor rejuveneciendo unos pasos que la hechizan.
Suaviza su cuesta,
redonda loma su cadera cuando la visitas,
expuesta a la mirada que le prodigas,
en un suspiro de tu aliento,
aire que respira.
La pista del cielo nos deja su tarde vencida,
nos regala sus luceros, serena lámpara de mesilla.
La hierba, admirada de nuestras siluetas unidas, abate su flexura para vestir una cama mullida.
Tu mirada y la mía,
yace el amor, sucumbe mi mano abrazada a la tuya.
Claudia Ballester Grifo

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