Te tocaba con los dedos, casi te tocaba.
Mirada anhelante al despertar del aura.
Jugaban los hilos de colores,
mezclando naranjas con azules de alborada.
Te tocaba... Casi, sí... Te tocaba.
Sonrisa en la piel,
apenas bostezaba,
descubierta y expuesta sin saber de las sombras y la escarcha.
Sin respuesta,
la piel se cubrió con el manto de la rosa.
El cielo miró un alma hermosa,
blanca mortaja de una flor degollada,
las espinas clavadas en la arena,
enterradas en la playa de encuentros e ilusiones,
esa playa de olas candentes,
besando una orilla expuesta a sus favores.
Las nubes lloraron mal de amores,
se deslizó la lluvia acariciando la pena,
ahogando un suspiro,
corriendo el río para llegar al mar del olvido.
Ella miraba la línea que separaba dos mundos.
Ella miraba... Su caída al vacío.
Te tocaba con los dedos...
Casi te tocaba.
Claudia Ballester Grifo

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