La sonrisa del sol cinceló la blanca fachada de la ilusión.
Las sombras replegaron sus alas,
las ventanas de tus ojos alzaron las persianas,
el aroma de mi jardín acarició tu cara.
Colgada del rayo de luz que viaja,
iluminando y dando calor a la soledad amarga,
esperanza entre brumas grises,
hada transparente que se mimetiza
con el paisaje que tu mirada abarca.
Me reduzco al pensamiento,
a la consistencia del aire que respiras,
pequeña, diminuta,
cogiendo mi almohada y haciendo mi cama en tu boca,
dormir en un eterno beso,
no despertar del hechizo nunca.
Prendida de tu pecho,
surcando los afluentes de tus venas,
en el vértigo de tu sangre
ser guerrera que te proteja.
Amazona cabalgando sin espuelas
acariciando el lomo del Rocinante
reducido con amor y entereza.
La sonrisa del sol besó la playa,
las aguas del mar llevadas a la calma
las páginas de un libro
sellando la tinta de mis palabras.
Claudia Ballester Grifo

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