miércoles, 3 de febrero de 2021

SINVERGÜENZA


Su sonrisa, 

su sonrisa de cielo volando entre nubes,

su luz cegadora vibrando trinos sin distancia. 

Mi niña, mi pequeña. 

Mi niña en ojos extraños,

manos sucias y mente de cloaca. 


Mi corazón se desgarra, 

sangre de madre llorando en plata. 

Asco me da que la rapiña de unos ojos oscuros llegue a acariciar su alma. 


Mi niña, 

hermosa pluma liviana, 

menor de inocencia y gracia,

ingenua, confiada. 

Mi pequeña, amor de mi vida,

el bien precioso de mis ganancias. 


Osó un viejo mirarla. 

Viejo de cuerpo, sucio de alma. 

Le habló de sapos y ranas,

de llevarla consigo para despertarla a una experiencia de vómito y rabia. 

Muero por dentro, 

muero de ganas, arranco sus ojos,

que no ose tocarla. 


La denuncia está clara. 

La perversión roba en nuestras casas. 

Basura latente muy cerca,

tan cerca que su aliento nos alcanza. 

Malditos los cobardes 

que besan los labios de niñas,

de nuestras hijas,

pequeñas rosas aplastadas. 


¡No oses ni mirarla!


Claudia Ballester Grifo


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