Se van las huellas saltando murallas.
Se desliza mi mano por la ventana acariciando un día que se rompe en la mañana.
Acariciando el frío cristal de la añoranza,
persiguiendo tu presencia dibujando castillos en la arena mojada.
Se persiguen las nubes, corriendo vientos,
chocando ganas.
Se hablan en corrillo, murmuran calma, pero el corazón contrito aprieta la ansiedad que lo fractura en el latido de una lira sesgada.
¿Dónde giras tus pasos?
Dónde que no me alcanza
ni mis risas ni mis quejidos,
las perlas de un agua.
Deja que te mire, cielo con su alma,
deja que te mire, luz de mi esperanza.
Llévame contigo carne y montaña,
fuerza de la tierra que extrae mis entrañas.
Ojos de mi mundo,
llave de la fiebre que me viste y calza.
Amor de mis vientos,
amor, amor... Te vas en el humo del halo en la ventana.
Claudia Ballester Grifo

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