El día me coge de la mano,
invita a llorar.
El cielo brumoso despliega el acerado azul con el peso de mil lágrimas.
Silencio absoluto, espesa calma.
Quiero llorar flojito,
no perturbar la tristeza del alma.
El día me coge de la mano,
me traslada.
Paseo por un espejismo,
por un laberinto de espejos,
reflejos, pasadizos sin salida,
me hallo perdida en busca
de nada.
Me das la mano, cielo plomizo,
Llévame muy lejos sin espejos
de verdad traicionada,
o, tal vez sí,
muéstrame la crudeza de lo que
callan las palabras.
Son tus ojos, Céfiro,
soplo de primavera,
fructífero y suave viento de mis plegarias.
A tu mirada invoco al perder
mi mirada.
Dulce, dulce ensoñación
de cortina de agua.
Claudia Ballester Grifo

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