Te miré en el día, vi tu cara,
recordaba tus palabras.
Ojos de miel horneando pastelillos de mermelada.
No me despedí,
cerrando mis ojos a la nada,
no me despedí, tú no sabías nada.
Abandonaste sufrimiento y sombras pegadas a la espalda,
encontraste la luz, seguiste su senda floreada.
No te dije adiós,
te fuiste con la primera luz de la mañana.
-Mira, cuñada-
Me mostraste una foto presidiendo la estancia.
Tu sonrisa y la mía,
me pediste de corazón esa instantánea.
Te fuiste de puntillas,
sin llamar ni quejarte,
nunca supe si te dolía,
solo puedo añorarte.
Cierro mi mano, esa que no puedo darte,
te fuiste con un suspiro,
sin poder hablarte.
Esa rosa que no pude entregarte
clavada en mi pecho para no olvidarte.
Te fuiste con la sencillez
de tu sonrisa franca,
con el silencio de una mirada,
esa mirada clavada en una foto,
en esa foto callada.
Claudia Ballester Grifo

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