Voy, vengo y no apareces.
¿Dónde estás? No te veo ni te siento,
la nada cobarde me arrebata el embrujo de tenerte,
de adorarte.
Veo un mundo de negros nubarrones,
estalla la tormenta desde el centro de mis emociones.
Desde el glaciar de la noche no te veo, no te siento,
¿Dónde estás? No apareces.
Tu mañana, preludio de fantasías,
alegra tu vida con el calor de un sol que te mima.
Mi noche cansada, angosta fatiga
bostezando un cansancio que afecta mi vigilia.
¿Dónde estás? No puedo buscarte en la oscuridad absoluta.
Enciende una cerilla para que su azufre me sirva de guía.
Qué su llama bendita me de cobijo en mi penar por la vida.
Te llamo, apareces.
Júbilo en mi corazón enamorado,
la caricia de tu voz me devuelve el color a los labios.
Me besas, me dejo,
te beso, me respondes,
luce el destello del amor,
abrazo de magnetismo lleno.
No te vayas nunca.
No me dejes sin tu cielo.
Deja al menos una estrella dándome consuelo.
No te vayas, no. Que me muero.
Claudia Ballester Grifo

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