Vienes amigo con la palma abierta,
iluminas con tu sonrisa la sombra muerta.
El sol amanece temprano en el arcoiris de tus ojos,
en la sonrisa que engalana tu encanto.
En esa risa de jerga, hablando más que sientes y sintiendo lo que no hablas.
Lleva el río un cauce extraño.
Abre el castor diques sembrados,
atiende a su familia y detiene al foráneo.
En la senda virtual la ética
toma rumbos varios,
jugamos con hilos mal forrados,
tal vez nos llevemos un empujón
y nos deje sentados.
Vienes amigo con la voluntad dispuesta,
tiempo de encierros y pocos abrazos.
Un abrazo virtual siempre es acomodado.
De corazón te lo doy, mas no seas malintencionado.
Al final si tus propósitos no son
honestos serás cazado
Y, ¡ay, amigo!
Tu aventura se ha acabado.
Claudia Ballester Grifo
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