domingo, 20 de septiembre de 2020

LA NATURALEZA

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Siente mi piel la sed agónica del agua que se roba al manantial de la tierra. 
Se deshidrata al sol que besa mi boca, atrapa el rocio que esconde robado de la noche serena. 
Es mi cuerpo valuar de vida y miserias. 
Resbalan las cascadas de risas y glorias. 
Se abre camino en cauces secos, llenando los afluentes ríos de encanto. 
Desfilan las flores, militando su canto, abasteciendo de aroma y color, vistiéndome con entusiasmo. 
Abarca el cesto de mis brazos para abrigar a la fauna que nada en el charco.  
Vida a la vida ;
sol, luz, agua y baño. 

Con un hálito de pensamiento vuelan las mariposas que baten el espacio. 
Visitan las flores y despliegan el polen que esparcen por todos los lados. 
Brillan mis ojos, espejo de campo. 
Huele a resina y musgo de guante blanco. 
Cada árbol que mira al cielo dibuja sus nubes de lomo claro. 
Impulsa su agua,
llorando ríos al encuentro de océanos.  

Hidratada con el fitoplacton,
vida a la vida,
manda la naturaleza, guía y maestra,
mandamiento preciso y necesario. 
Viendo los ojos el acontecer diario,
¿Quién osa de la madre no escuchar su mandato?

Me calzo los tacones de aguja,
levanto la mirada 
y salgo acompañada de la vida. 
Mis ojos los lagos,
mi boca amapola jugosa de seda mordiendo una fruta. 
Mis palabras vaho de viento que acaricia. 
Mi pelo, regalo de rayos de luna. 
Hija ardiente del fuego de la aventura. 
A mí, ¿quién me cuida?

Claudía Ballester Grifohttps://drive.google.com/uc?export=view&id=1Wf2xrlzMXqw_Ij5dNr-RTsut_t311fpB

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