Tengo la llave, sí amiga.
Tengo la llave de mi vida.
Con ella abro la puerta de mis picardias.
Dejo entrar la luz de las callejas que me circundan.
La luz y el aire,
¡Ay, amiga!
Se me eriza el vello y me desgrano como fruta madura.
Siento y siento.
Estoy viva.
Meciéndome en un limbo,
vapor de esencia, mimosas que me acarician.
Frugal y etérea en mi fantasía,
libre y aroma en un aire de compañía.
Escucho tu rumor,
brisa de mis días, cascada de risa fresca,
¡ven!, ricura de mi idas y venidas!
Feliz es poco, feliz y bendecida.
Ojos para mirar,
escuchando con pleitesía.
Amiga de mis rizos y de tu ricura,
verbo de tu pensamiento,
gestos de tu sintonía.
Riego mi pensamiento,
¡Qué no falte la frescura!
Un poco de espontaneidad y mucho, mucho azuquita.
Mano alzada al viento y conexión total y sin censura.
¡Vida a la vida!
Sin miedo a recibirla,
grata, muy grata,
pecíolo que conecta y se sujeta,
muy, muy... Arañando a la tierra que respira.
Claudia Ballester Grifo

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