Te fuiste con el arrebol de mi mirada en tus mejillas.
Henchido del amor que habló la noche y revolvió las sábanas de vida.
Oí el motor que rugía y morder las ruedas el asfalto como todos los días.
En mi corazón una rosa prendida,
un hasta luego, vuelve vida mía.
Marchabas, duendes y hadas en tu compañía.
Besando sueños alados que te compartía.
Riendo mis locuras, recordando tu piel fiebres y ambrosía.
Rutilante, amado mio,
amor, sol de mis días.
Llegó la noche con un parco silencio,
la rosa deshajada de mi pecho.
Velada la vida con tajo certero,
corría la sangre loca y pérdida,
buscando amarte.
Llamaron al timbre, y salí a buscarte.
No eras tú, no.
No volvería a abrazarte.
Corre la sangre buscando tu suerte.
Abriéndose camino,
mi rosa marchita,
camisón de novia, avanzando en la oscuridad para rescatarte.
Claudia Ballester Grifo.
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