MARINA.
Con el dedo en la boca
haciendo de pipa.
Cogida a su sueño,
plácida en su cuna.
Lo siento mamá,
yo no quería.
Recibí un golpe fuerte
en la espalda,
mamá querida.
Sentía tu voz,
arrullando mis fantasías.
la mano de papá,
acariciando mi mejilla.
Me llegaba vuestro
cariño, os sentía.
Lo siento mamá,
yo no quería.
Me así con fuerza,
cogida a la vida.
Feliz en mi bolsita,
nadando en agua tibia.
Una fuerza arrolladora
me empujó al tobogán,
bajada sin retorno,
impelida...
Lo siento,
mamá querida.
Me convertí en
la hija de las estrellas,
tu Marina ungida.
Me convertí en
el sol que alumbra tus días.
En la noche despejada
de mil luces abastecida.
No llores mamá,
aquí me cuidan.
Juego con niños
todos los días.
El reloj de la eternidad,
está provisto de
agujas finas.
La ruleta del tiempo
da paso a infinitas vidas.
Nos vemos en una
de ellas,
mamá querida.
No llores, mamá.
Claudia Ballester Grifo.

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