DOS MUJERES.
Piel a piel.
Ojos negros en
Verde mar.
Rizos de reflejos naranja,
cimentados en un
castaño miel;
enredados en el
bruñido cava,
oro en el amanecer.
Espalda recostada
en espalda.
Estremecimiento
y acorde de sentidos
en el ansia del
querer.
Pieles aceituna y
nívea compitiendo
en caricias, recomponendo
los hilos de lo que
se debe y puede hacer.
Secreto de amigas,
susurros ahogados
en horas brujas,
cuando los sueños
duermen enroscados
en caracolas.
Risas de adentro,
espontáneas, cantarinas
y claras.
Fluyendo como el agua
del arroyo en el desperezo
de su nacimiento.
Alegría de juventud,
inocencia y esperanza.
Déjemos que se ame
el amor.
Déjemos a las niñas
que hablen de sus cosas.
Qué tracen un puente de
dulce gominola,
que elijan ellas el
color que sea.
Manos cogidas,
prendiendo en alfileres
la historia de su vida.
Escribiendo un principio,
esperando que nadie
trunque por ineptitud
o cobardía.
Son los que miran
al otro lado o de
medio lado,
del amor, la hipocresia.
Claudia Ballester Grifo

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