lunes, 2 de septiembre de 2019

Buscando

BUSCANDO
Déjame, niña, que me bañe
en el lago de tu mirada.
Son tus ojos dos luceros,
manantial de fresca agua.
Déjame, Rosa del alba,
que toque tus pétalos
de rocío y nácar.
Permíteme abrazar tu risa,
necesito de tu ingenuidad
perlada.

Dos gruesas lágrimas
se deslizan silenciosas
y plácidas.
La madurez rebusca
retozando sus manos
ya ajadas.
Arrugas resecas,
surcos de mil batallas.
Labios finos abriendo murallas.
Suaves valles, campos de
labranza.
Fuego y lucha,
niña préstame tu caballo
de batalla.

Hola, niña!
Canela y alfalfa.
Enlazadas nuestras manos,
se encuentra
nuestra mirada.
Me pierdo en el abismo
del subconsciente
para renacer en el
lienzo de tu mirada.
En los jardines de la
inocencia,
reconozco esas risas
que dejé olvidadas.
Sonríes, niña?
has secado mis lágrimas.
Claudia Ballester Grifo

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