ENAMORADOS.
La pasión mueve montañas. Siembra la semilla que recogeremos en tiempos de calma. Estrecha vínculos y la vida se encarga de acomodarlos.
El amor de la adolescencia puede asentarse y llevar de la mano primaveras frescas. Con un pulso fuerte de caballos desbocados, se puede lidiar con los vaivenes de las hormonas y crear algo bello y genuino. El amor más puro, el que no entiende de intereses.
Dos almas que se juntan porque se hallan gemelas, se complementan o se atraen con fuerza.
Dos miradas que depositaron su interés como una luz incide en una nota. Desmayada, pero en foco de atención.
Sonrisa que precede a la palabra. Contacto de manos que visualiza que la electricidad es más que física y su melodía alcanza.
Seducción de las palabras, el baile que nos acerca y nos delata. Siendo poco más que niños se aprende que el amor no viene cuando quieres si no cuando la flecha de Eros te apunta y da en la diana. Si logras hacer de ello una alianza, escribes tu vida en pluma de plata. Te deslizas en el tiempo, desembarcas en el hogar, has formado tu casa. Cercas en un gran corazón un amor de dos que es uno.
Claudia Ballester Grifo
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